El dinero y la conciencia del bienestar | Red Milenaria

El dinero y la conciencia del bienestar

Dime cómo te relacionas con tus valores y te diré qué puedes sacar de todo ello

Este es el día en que llega a mi consulta una señora y me cuenta la historia de su hija. Con 27 años Alexandra estaba pasando por una crisis que afectaba varios ámbitos de su vida.

Tiene una relación con un muchacho más joven que ella que se pasa el día jugando a la consola; trabaja de camarera y hace más horas que un reloj por 800€; la relación con su padre no es buena y encima se acaba de enterar de que este tiene cáncer. Después de cobrar un dinero que le debían, avaló a su padre en la compra de un negocio que no funcionó. Ahora tiene deudas que no son suyas y que le acarrean serios problemas económicos. Esta situación le impide tener una cuenta bancaria a su nombre, un alquiler, etc., ya que le embargan automáticamente el dinero.

Nati, su madre, me pedía ayuda.

Quedé con Alexandra una tarde. Me sorprendió su belleza, su delicadeza, su humanidad, que en nada parecía presagiar una vida tan complicada. Le pregunté cuál era el motivo de su visita. Atropelladamente me contestó:

Mi vida es un auténtico desastre, no salgo de una y me meto en otra; tengo deudas, no gano lo suficiente, el maldito dinero me genera problemas. Si yo solo pido ganar lo suficiente para vivir, no pido más, no quiero nada más que poder llegar mejor a fin de mes, pagar mis facturas y poca cosa más. No quiero una fortuna, solo lo necesario, pero el maldito dinero, que es la lacra de la sociedad, me tiene sometida. A mi me gusta ayudar a la gente, de hecho le he dejado dinero a mi padre, no me lo puede devolver, encima está enfermo, pero no me importa el dinero, su salud es lo importante ahora mismo. Quiero saber si podré salir adelante, si podré hacer frente a mis deudas. Fíjate que no puedo ni pagar tu consulta, mi madre me la regala y me sabe muy mal, y no sé si tú podrás ayudarme, porque todo está muy complicado Encima mi novio no trabaja y con 800€ tenemos que vivir los dos. Se pasa el día jugando con la consola, pero pobrecito, es que él no lo ha pasado nada bien. Ya sé que abusa un poco, pero me hago cargo y el problema acaba siendo el p… dinero.

Estas fueron, a grandes rasgos, sus primeras palabras, las que yo iba anotando para no perder detalle. Mi primer comentario fue que poco podía hacer por ella porque sus sentencias eran demasiado densas, pesadas y concluyentes para mi. Se quedó atónita. Lo que trataba era de desconcertarla utilizando su misma táctica: todo está mal, fatal y no tiene arreglo, ya casi te puedes ir. Y le dije entonces que solo tenía dos opciones:

  1. Salir corriendo.
  2. Quedarse y hacer reconsiderar seriamente y valientemente su actitud frente a la vida, frente a su autoestima, su felicidad, su bienestar y frente a su relación con el dinero.

Alexandra optó por la segunda propuesta y empezamos a desmontar poco a poco sus farsas de poder. Se dio cuenta que había menospreciado sus valores, su capacidad para ser feliz, para ganar dinero al cual, insistentemente, había menospreciado en nuestra primera conversación. Por lo tanto no tenía seguridad, no contaba para la sociedad, no podía tener nada a su nombre, parecía no existir para esa felicidad y autoestima que sin duda se merecía. Le remarqué que el universo es sabio y escucha muy atentamente, y que teniendo esta opinión acerca del dinero, del maldito dinero, la vida le estaba dando exactamente lo que ella había estado generando. El dinero es maldito, es malo, solo da problemas, por lo tanto mejor no tenerlo.

En su caso la tarea se centraba en rebatir a su psique todas y cada una de estas sentencias, los pensamientos que le habían metido en un bucle de experimentación de todo lo que ella había proyectado. Repasamos sus afirmaciones negativas y su situación. La relación con un padre inoperante y que había fracasado en un negocio del que ahora ella era financieramente responsable; de las consecuencias de la enfermedad de su padre con el que deseaba reconciliarse antes de que fuese demasiado tarde; de un novio inactivo que abusaba de su confianza; de un trabajo que le satisfacía humanamente, pero no económicamente, y de su pésima relación con el dinero que denigraba, que en realidad no deseaba y que parecía no merecer.

Cambiar de actitud manteniendo las mismas creencias no sirve, es como pretender lavar el cerebro para introducirle nuevas pautas pero sin identificar las antiguas, -el para qué del origen, la causa, el trasfondo del conflicto-. Fue fácil porque Alexandra era una persona ávida de conocimiento y con muchas ganas de mejorar su existencia.

Respetar quienes somos, honrarnos y desearnos lo mejor es fundamental para que esa seguridad sea la base de nuestras creencias más profundas

El dinero, el poder adquisitivo no es otra cosa que energía, luz en su aspecto de materialización. De hecho todo es luz, por lo tanto la utilización del metal como contrapartida de los valores que obtenemos a cambio de nuestros servicios es lícita. El bienestar depende de esa capacidad para materializar la luz.

La idea de que el dinero no hace la felicidad, de que es un vil metal, que perturba, perjudica, corrompe, etc., es directamente proporcional a los resultados que vas a obtener. La corrupción, por ejemplo, representa la infrautilización de los valores, es fruto de un proceso de deterioro de la luz; es la usurpación de poderes porque el corrupto utiliza y obtiene de forma fraudulenta un valor que no se ha ganado.

Alexandra achacaba al dinero sus peores males, aunque lo necesitaba, lo aborrecía; aunque lo rechazaba, lo justificaba, pero no lo disfrutaba. Le pagaban poco con respecto a lo mucho que cumplía porque en realidad no se lo merecía. Todo acababa siendo muy coherente: no deseaba “ensuciarse” con ese vil metal.

La crisis de valores internos engendra una crisis a todos los niveles. No solo se trata de un problema económico, social o político. Si todo un colectivo sufre recortes, si un empresario paga poco porque no puede pagar más, pero el que gana mucho tampoco está repartiendo y contribuyendo al bienestar de sus trabajadores, algo más profundo está pasando. ¿Y cómo pueden cambiar las cosas?

Pues Alexandra nos da la respuesta. El trabajo que emprendió con ella misma y sus escasos recursos, sus quejas, sus penurias, fue revertido por unas nuevas proyecciones tales como: me merezco mucho más de lo que obtengo; el dinero me proporciona la satisfacción de pagar mis facturas, y si pago facturas es que estoy utilizando servicios; bendigo mi vida, el dinero que gano y que me pagan por un trabajo bien realizado; genero más ingresos que me permiten tener una identidad, puedo gestionar mi economía, reafirmarme, tener una tarjeta de crédito, una cuenta en el banco, y no cargo con lastres del pasado por pena con una falsa misericordia. El resultado fue que su novio se convirtió en su ex pareja; su padre heredó un dinero y pudo hacerse cargo de las facturas, se reconcilió con él mucho antes y pudo gestionar sus emociones antes de su fallecimiento; y ella, en el mismo trabajo pasó de cobrar 800€ a 2000€, la hicieron encargada después de plantarse ante el dueño y revindicar sin temor su responsabilidad y su merecido ascenso. Le llevó su tiempo cambiar esas normas que se había autoimpuesto, pero lo consiguió con la conciencia alerta para no hacerse boicot.

Las sentencias a las que te sometes determinan tu comportamiento en ese modo automático, -el 95%, según los neurocientíficos-, por lo que dejas poco espacio a tu conciencia presente para que tome las riendas. Pero si optas por cambiar esos patrones, ten en cuenta que vas a tener que ahondar en los mecanismos de tu psique, bucear en tu interior, desenmascarar tus farsas de poder y ver de dónde han surgido, cómo y cuándo se originaron. Esto implica explorar en tu memoria, en tus recuerdos, observarte desde el pasado y en el entorno que te condicionó, en las frustraciones que acumulaste; en los: “no puedo, no sé, no soy capaz”, que te impusiste. Pero cuando abras esa puerta muchos de los parámetros sobre los que habías edificado tus conceptos empezarán a tambalearse, a despeñarse, y no sin estruendo. Debes prepararte para asumir esos cismas.

Quien desea cambiar debe estar prevenido para encajar las consecuencias, como quien deja de comer azúcar o deja de fumar y experimenta la ansiedad propia de la abstinencia.

¿Are you ready?

Aquí te dejo una guía que puede servirte para comprender la simbología de los valores y para la obtención de ese oro-luz con que vas a relacionarte:

  • El dinero es la materialización de la luz, de los recursos.
  • Encuentras dinero: los recursos, los valores van a llegarte de forma inesperada. Oportunidades que están cerca. Presta atención.
  • Das dinero: estás transmitiendo valores, luz, energía, te comprometes con tus propias necesidades, contribuyes a que la vida funcione mejor, aplicas tus dones y cualidades.
  • Ganas dinero: estás obteniendo los frutos de tus proyecciones, desarrollando tu potencial. Generas luz y valores. Expandes tu potencial.
  • Olvidas dinero: pregúntate en qué estás desperdiciando tus valores o tu felicidad, tu luz. Tienes recursos y no los estás utilizando.
  • Pides dinero: buscas seguridad, recursos, valores que crees no tener aunque te los mereces, no estás viendo las oportunidades que tienes delante.
  • Pierdes dinero: se te escapan los valores, la luz, la identidad material, la seguridad. Te falla la luz, la energía para levantar el vuelo.
  • Malgastas dinero: repasa la lista de tus prioridades, algo estás infravalorando en cualquier ámbito de tu vida.
  • Roban tu dinero: pregúntate si te han quitado algo que no estás valorando, que no estás utilizando adecuadamente, valores, amor, inteligencia, energía.
  • Tú robas dinero: te apropias de un valor que no te pertenece, que no te has ganado, que va a perjudicarte porque si vives por encima de tus posibilidades la vida te acaba pasando factura.

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