El tsunami Trump y el efecto mariposa | Red Milenaria

El tsunami Trump y el efecto mariposa

Hemos hablado a menudo desde esta tribuna, del mundo, de sus gentes, de los cambios, de las convulsiones, de la necesaria conciencia que hemos de poner a los procesos vitales y no se acaban los temas de interés, en todo caso me faltan horas para escribir y expresar todo lo que me produce esta humanidad, sedienta de conocimiento por una parte y saturada de emociones por otra.

Me crié con la consigna del “al revés te lo digo para que me entiendas” y, poco a poco, fui experimentando esta sentencia que me llevaba a tomar dos tazas cuando no quería caldo. Los seres humanos tan imperfectos en su desarrollo y sin embargo tan infinitamente capaces en sus potencialidades, con duchas de agua fría aprendemos que el calorcito es fantástico y bajo los efectos de una extrema canícula, a valorar el fresquito. Entre tanta movida, nos quejamos, denunciamos, nos declaramos a favor o en contra; militamos en un bando o en otro, aunque hay a quien ni siquiera le interesa.

Y seguimos sumando convulsiones, la gente echa humo con la reciente toma de posesión del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que día sí y día también causa estragos con sus decretos y declaraciones que afectan nuestra sociedad y nuestra psique. Todo lo que ocurre fuera, también ocurre dentro, como el efecto mariposa, ese concepto que expresa la idea del caos en el que cualquier perturbación en un sistema determinado repercute en otro sistema susceptible de recibir su influencia. El término efecto mariposa fue acuñado por el meteorólogo y matemático Edward Lorenz al referirse al proverbio chino que reza: “el simple aleteo de las alas de una mariposa puede cambiar el mundo”, tratando de explicar que las variaciones meteorológicas en determinadas condiciones son sensibles de causar grandes cambios en el clima mundial.

Es exactamente lo que está ocurriendo, -y no hablamos del tiempo-, sino de lo que está produciendo el tsunami de este 45º presidente de los EE.UU, (45 suma 9, final de etapa), un hombre a imagen y semejanza de lo que sus conciudadanos han deseado, -lo votaron-, y que está generando muchas movidas.

Pero, ¿se preveía que Trump iba a ser un gestor puro y duro del destino de sus conciudadanos? A tenor de los éxitos alcanzados en su trayectoria profesional como magnate de los negocios, se supone que sí, que la gente era consciente de lo que les esperaba, en una tierra que empezó siendo cuna de numerosas estirpes, credos, corrientes y sentimientos y que ahora posiblemente está olvidando sus raíces. Los que se conocen como los Estados Unidos de América se fundaron el 4 de julio de 1776, hace ahora 241 años. No tienen mucho pasado, si tomamos como referencia naciones, estados con mucha historia, pero desde hace muchas décadas, los Estados Unidos son una referencia, se erigen como primera potencia mundial, pionera en avances, en vanguardia de grandes libertades y de oportunidades, aunque de contrastes muy pronunciados.

Sus tierras se poblaron de gentes llegadas de muchos territorios, los emigrantes la colonizaron buscando un lugar donde asentar las bases de una convivencia libre, -aunque recordemos que los negros tardaron mucho tiempo en alcanzar esa libertad-, teniendo en cuenta que la esclavitud oficial se decretó junto a la firma de Independencia de los Estados Unidos, y que solo se abolió en 1863, hace muy poquito tiempo, ¡tan solo 154 años!

Quienes emigraron a esta tierra de oportunidades no podían imaginar que menos de 300 años después, el ciclón-tromba Trump, saldría elegido para revocar aquellos deseos de grandeza, de libertad y de independencia. Su ideas beligerantes de acotar fronteras, de restringir libertades, de controlar, de fijar límites a quienes tratan de superar los muros de la incomprensión, de la miseria, de la desigualdad y de la falta de objetivos, está causando estragos en una sociedad dividida. Esta es una nación que sabe venderse al mundo como escaparate de un sinfín de oportunidades de crecimiento, insignia y reclamo para las nuevas generaciones, con un proyecto común: diseñar una sociedad de grandes emprendedores. Todo el mundo se lo creyó, pero nadie pensó en que, a la larga, podría sobrar alguien y ¡ahora resulta que ya no cabe nadie más!

¿Qué ha fallado en todo este proceso?

Dicen que los pueblos tienen a los gobernantes que se merecen y yo añadiría que el ser humano vive las circunstancias que ha creado a lo largo de todas sus vidas como expreso aprendizaje.

Si hemos revindicado muchas veces desde esta Red de comunicación el valor de la conciencia, no será ahora cuando lo negaremos. Trump y otros son fruto de nuestras acciones, de nuestra conciencia o inconsciencia, asumiendo triunfos y  fracasos. Trump y su política es una viva, (por no decir un tiovivo) exhibición para el mundo de lo que debe y no debe hacerse, para los partidos emergentes y para los dinosaurios de la política; para los que abogan por el totalitarismo, y para los que apuestan por todo lo contrario; para los que nunca pensaron, para los que nunca se movieron o se preocuparon y para los que lucharon y siguen luchando en primera fila, porque Trump no deja indiferente a casi nadie, nos mueve, y para algo “está” y debemos ser conscientes de todo ello.

Hay un revuelo mediático que está alertando de todo lo que este nuevo presidente hace y está decidido a hacer, pero nadie se responsabiliza de no haber visto las señales. Estamos metidos en un sistema y movimiento pendular, lo que mucho tiende hacia un lado, va a decantarse automáticamente por el otro, así vamos de extremismo en extremismo. Cuando amenaza el integrismo de un facción, se pone en marcha el integrismo contrario y así, el desencanto de unos y de otros, las desigualdades extremas entre naciones, entre valores, no puede llevar más que al caos y a la división.

Los sentimientos divididos son fruto de esas grandes diferencias, y recordemos que cuando un ser humano sufre, todos somos co-creadores y co-responsables de ese sufrimiento. Nuestro principal objetivo debería ser generar tanta abundancia, tanta felicidad, tanto amor, que no pudiese haber ni un solo ser humano infeliz en este mundo y así las justificaciones extremistas de un color o de otro se quedarían sin argumentos.

Quien pretende frenar un radicalismo con fuerza y destrucción para limitar el avance de su polo contrario, acaba compartiendo el mismo destino. Enarbolar la bandera del miedo funciona un rato para quienes se dejan convencer por el discurso potente y atractivo de quien se erige como salvador.

Trump repite con cadencia: América first, un eslogan ya utilizado por el 28º presidente de esta nación, Voodrow Wilson, en una época en la que la presión sobre los ciudadanos negros era brutal a principios del siglo XX. Trump señala: Make America great again, agitando los sentimientos del glorioso pasado, -que no lo es tanto-, de una nación grande y libre.

Pero, ¿qué está pasando a raíz del nombramiento de Donald Trump?, pues lo cierto es que a él le debemos esa ola de solidaridad sin precedentes que está recorriendo el mundo rechazando la exclusión, propagando la idea de muchísimas personas que desean la integración y ¡que se olvidaron de manifestarla!, gentes que desean volver al espíritu integrador de las oportunidades, de una libertad, igualdad y fraternidad, un eslogan que quiso revolucionar el mundo en un momento de nuestra historia, y que en realidad tan poco se ha respetado.

¡Es algo inaudito!, algunos poderes fácticos se han apuntado a la movida; grandes marcas, empresas líderes, medios de comunicación, juristas, embajadores, diplomáticos, financieros, están rehusando entrar en esta dinámica destructiva y secesionista. Donald Trump está logrando que el refrán: “al revés te lo digo para que me entiendas”, esté funcionando, y así empresas líderes como Apple, Google, Twitter, Ford, Starbucks, Airbnb, e incluso Goldman Sachs, rechazan los decretos de Trump. Pero la indignación debe dejar paso a la reflexión, al análisis del porqué hemos llegado a este extremo, expresando el perfil más bajo de la humanidad en este siglo XXI.

¿Qué excusa tenemos? Si hace 4, 5, 6, 7… 10 siglos que luchábamos por un pedazo de tierra, por la dominación de un territorio, por la exaltación de una raza o un credo, ¿por qué seguimos con la misma dinámica?

El choque de culturas no puede ser un factor de desestabilización que provoque el pánico, la pérdida de valores, el miedo al intrusismo. Somos seres multidimensionales, multirraciales, pero seres que comparten y proceden del mismo génesis y material “adeínico”, ¿acaso estamos en retroceso? Hay para pensar que sí, aunque me niego a ser catastrofista.

El choque que más debe impactarnos es comprobar que en ese maravilloso Estado de Estados mueren más personas a manos de niños que accidentalmente empuñan armas de fuego, que a causa del terror de unos extremistas islámicos. ¿Tenemos que armar a nuestros hijos hasta los dientes para salvaguardarlos del terror?, ¿pero acaso esto no causará el efecto contrario, se convertirán en seres temerosos y en vengadores?

Algo grave le ocurre a una sociedad que solo se siente segura si posee más armas que su vecino, si demuestra su superioridad con una mayor agresividad, si intimida y amenaza.

Trump como buen Géminis, tiene el poder de la oratoria y es un excelente comunicador y comerciante. ¡Qué podría lograr si utilizase sus habilidades para ser embajador de la paz, de la conciliación, de la solidaridad!, en vez de generar confusión, estupor y temor. Trump es un invitado más al gran teatro de la vida; le hemos ofrecido un papel estelar, pero también se lo podemos quitar, si dejamos de alimentar todo lo que genera en nuestra vida, en nuestra psique.

En el ámbito astrológico, sin entrar de lleno, de momento, en un análisis pormenorizado de su tema, podemos ver que Trump está aprovechando al máximo del tránsito y vuelta de Júpiter a Libra y en su Casa V en trígono a su Sol, lo que le empodera, le da suerte, hincha su personalidad, y con ello es capaz de matar moscas a cañonazos para demostrar su fuerza, su poderío para la reconquista americana. En tiempos de westerns, hubiera triunfado, de hecho se comporta como un pistolero decidido a defender el pueblo de maleantes. Tiene ahora la carta del triunfo en su mano. Pero el Nodo Norte en conjunción con su Sol en Géminis, le puede cortar las alas si se pasa, ponerle en su sitio, clamarle, pero también reclamarle, pasarle factura, y que sus propósitos acaben en despropósitos. Por otra parte, puede sentir que domina la comunicación, pero tener poco control sobre la masa crítica y sobre su propio lenguaje, y cuanta más artillería verbal saque, (cuadratura de Mercurio, planeta de Géminis con Neptuno) cuanto más se le tire de la lengua, más puede patinar, o que sus propios argumentos carguen en su contra. Aunque se trata de una viejo zorro conservador, encantador en “petit comité”, cuando quiere y le conviene, (Saturno conjunción a Venus en Cáncer), la fuerza se le va por la boca, él es más bien un estratega, pero para gobernar un país hay que ser además, muy humano, diplomático y empático.

Trump viene a demostrar de forma totalmente ajena a su conciencia, que cuanto más quiere dividir, más genera el efecto contrario; que el sentimiento de unión de millones de personas mueve montañas, supera la incomprensión, porque el amor derriba las fronteras y en esto no pueden mandar ni Trump, ni cualquier clase de extremismo, sea de derecha o de izquierda, porque la única vía posible es la del corazón.

Para terminar me sumo a la carta de Avaaz que apela, de alguna manera, a su conciencia:

Estimado Sr. Trump: 

El mundo rechaza su incitación al miedo, al odio y a la intolerancia. Rechazamos su apoyo a la tortura, su llamamiento al asesinato de civiles y su fomento a la violencia en general. Rechazamos su menosprecio a las mujeres, a los musulmanes, a los mexicanos y a los millones de personas que no se parecen a usted, que no hablan como usted o que no le rezan al mismo dios que usted. 

Hemos decidido enfrentar su miedo con compasión. Frente a su desesperanza, preferimos la confianza. Y en vista de su ignorancia, nosotros escogemos la comprensión. 

Como ciudadanos del mundo, nos oponemos colectivamente a sus esfuerzos por dividirnos. 

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