01. Los muertos vivos del aeropuerto de París: la tragedia del Concorde | Red Milenaria

01. Los muertos vivos del aeropuerto de París: la tragedia del Concorde

EL TAUMATURGO: El hombre del más allá

 

 

Primer episodio 

Los muertos vivos del aeropuerto de París: la tragedia del Concorde

 

No siempre fui lo que ahora soy. Hubo un tiempo en que corría ansioso en busca de la luz, suplicando a Dios que me iluminase. Desesperado de no encontrar aquello que anhelaba, ni en mi ciudad, ni el país donde vivía, resolví partir para la India, para entrar en un ashram, que es un lugar de retiro donde se medita y donde un maestro o gurú imparte una enseñanza espiritual. Pero una noche cuando rezaba y suplicaba como tantas veces para que me abriesen las puertas de la percepción espiritual, una visión sublime surgió ante mi.

 

El ángel Gabriel se me apareció y mirándome con una dulzura infinita me dijo:

 

No es retirándote del mundo y de tus actividades materiales que encontrarás la verdad y la luz. Retorna a la sociedad. Lo que tanto has pedido te va a ser concedido.

La visión se disipó. Loco de alegría abandoné la India al día siguiente y fue así como comenzó para mi la gran aventura: ser uno de los escuderos de las gloriosas fuerzas angélicas que rigen el destino de la humanidad. Lo que hay de terrible para todos aquellos que, como yo, leen en el libro de la vida, -lo que llamamos los Archivos Akásicos-, es que debemos contemplar las cosas desde la distancia; los sufrimientos que no se pueden evitar porque forman parte de la trama del destino.

 

Recuerdo perfectamente un día de no hace tanto tiempo cuando aletargado en mitad de un sueño tuve la visión terrible de la explosión de un avión Concorde que sobrevolaba el aeropuerto “Charles de Gaulle” en Paris. Vi a futuras víctimas de aquel accidente conversar alegremente en francés, en alemán, en inglés… las vi subiendo al avión supersónico Concorde. Contemplé después la tragedia.

 

Supe de inmediato que lo que acababa de “ver” era una catástrofe que luego ocurriría en el mundo físico, puesto que ya había tenido lugar en los otros dos Mundos del otro lado de la vida; el Mundo Astral y el Mundo Mental, por esa razón yo ya lo había captado. En esas dimensiones del otro lado la existencia física, las cosas acontecen antes de materializarse en la tierra; y cuando ya se concretan allí, ya es tarde para impedir que se cristalicen aquí abajo. No obstante, las víctimas me inspiraban una tremenda piedad, a tal punto que invoqué al Ángel dirigente de mi grupo para pedirle la gracia de permitirme personarme  en el aeropuerto Paris-Norte “Charles de Gaulle”, a fin de ayudar de alguna manera, a todas aquellas familias multiétnicas que de forma tan inconsciente partían hacia su fatal desenlace. Esperaban subir al avión, un supersónico, para ir a los Estados Unidos.

 

El Ángel-custodio de mi grupo, mi superior inmediato, quedó  perplejo ante similar petición:

 

Tú ya sabes perfectamente –me dijo- que no podemos modificar algo que ya es un acontecimiento en los Mundos Superiores. Si este suceso no ha tenido lugar aun en la tierra es porque el fenómeno necesita más tiempo para consolidarse. Es como un relámpago y un trueno, se producen simultáneamente en el cielo pero los humanos ven primero el relámpago y después oyen el trueno cuya velocidad de propagación es menor.

 

Sí, claro está, yo estaba al corriente de todo eso, ¡pero me sentía desesperado por no poder hacer nada para evitar una catástrofe tan horrible que iba a llevarse a tantas personas! No obstante imploré al Ángel y guía Anauel y se me permitió, gracias a su intervención, ir al aeropuerto a establecer relaciones con las futuras víctimas para que pudiese instruirlas discretamente sobre la experiencia que les esperaba del otro lado de la vida.

 

Disfrazado de viajero, con equipajes y billete para el Concorde, entré en conversación con ellos en los salones de espera, (justamente y providencialmente hubo un retraso de casi media hora), inventando una situación simpática para ser aceptado por algunos de ellos.

 

¡Oh!, ¡qué felices, qué contentos estaban de subirse a este avión, de realizar este viaje con un pasaje de lujo y ensueño! Tristemente ignoraban que sus vidas ya habían sido cortadas en los mundos de arriba y que disponían solamente del tiempo necesario para que la muerte aconteciera en el mundo terrestre.

 

Una vez establecidas las buenas relaciones, algunas personas me hacían preguntas sobre mi vida. Les hablé de mi trabajo profano, pero tratando de orientar las conversaciones hacia el tema de la vida después de la muerte, de la vida en el más allá. Y fue así como, bebiendo tranquilamente el champán ofrecido por Air-France, yo les iba informando. Les decía que la vida continuaba en otros mundos, que millones de personas habían vivido experiencias de muerte inminente (EMI), y que lo que llamamos muerte es en realidad el nacimiento en el mundo astral donde descansamos y donde llevamos una vida maravillosa.

 

Lo cierto es que me escuchaban con cierta incredulidad, con una sonrisita en la comisura de los labios, pero progresivamente cuando faltaba poco más de una hora, me acribillaron con muchas preguntas sobre este tema. Finalmente lo que les dije caló profundamente en sus mentes, mucho más de lo que yo hubiera imaginado.

 

En el último momento, ya entrando en el pasillo que nos conducía al avión, se presentó en su cuerpo resplandeciente mi Ángel instructor, Umabel, para felicitarme por lo que estaba haciendo:

 

Se te confió una misión –me dijo- : que los orientaras sobre su nuevo mundo. Dentro de media hora van  a sucumbir y se sentirán totalmente desconcertados, como cada vez que la muerte llega de forma imprevisible, Ahora todos te conocen, te tienen confianza, y así es que te encargarás de tranquilizarlos.

¡Misión difícil y cruel tal vez, pero alguien tiene que hacerlo!

 

Tengo que reconocer que había estado deseando una misión como esta, ahora tendría que estar a la altura de las circunstancias.

 

En cuanto hubieron subido todos al Concorde, regresé instantáneamente a mi cuerpo físico tendido en mi cama en mi domicilio en Paris. La catástrofe acababa de ocurrir y de nuevo concentré todas mis energías sobre mi cuerpo astral para regresar al aeropuerto. Los depósitos de carburante ardían después de la explosión, el espectáculo era horroroso. Todos los pasajeros y la tripulación del aéreo supersónico estaban muertos y en un estado de terror, de pánico indescriptible. Todo había sucedido demasiado deprisa y se sentían vivos pero contemplaban sus cuerpos físicos destrozados sin lograr comprender lo que les estaba pasando.

 

En cuanto me vieron acudieron a mi pidiendo auxilio. “¿Qué ocurre?” “¿Qué ha pasado?” repetían sin cesar. Procuré calmarlos. Les dije que estábamos en otro mundo, precisamente en el mundo del que les había hablado poco tiempo antes; que si bien el Concorde había explotado en vuelo y que todos habían perecido en el accidente, eran los cuerpos físicos los que habían muerto. Solo eso, lo veis, les dije, os seguís sintiendo vivos, ¿no es cierto? En cuanto se tranquilizaron un poco, los alejé de los despojos del avión en el que estaban ya actuando los bomberos y Cruz Roja.

 

Hay que señalar que cuando se sufre una muerte por accidente, el cuerpo espiritual, que designamos habitualmente con el nombre de cuerpo astral, aparece con las mismas mutilaciones que el cuerpo físico fallecido, puesto que es una copia de éste. Pero basta poner fin a estas imágenes para que las heridas desaparezcan al instante, es lo que sabemos que puede hacer la mente superior cuando la enfocamos hacia objetivos positivos.

 

En el caso de la explosión del Concorde, los cuerpos físicos quedaron carbonizados; o sea que, de la misma manera que cuando se incinera un cadáver, el cuerpo astral queda como nuevo, porque la parte etérica (entre lo físico y lo astral) se volatiliza. Algunos pasajeros y una azafata quedaron con alguna marca de herida, y les enseñé a utilizar la visualización para obtener el maravilloso resultado de conseguir el aspecto físico deseado.

 

Ya más tranquilos los dejé bajo la supervisión y responsabilidad del “Comité de recepción” que se constituye siempre en el otro mundo para acoger a los recién llegados. Este Comité suele estar formado por personas que los amaron. En efecto, allí están los padres, abuelos, esposos, amigos, etc,  de los accidentados y yendo hacia la luz se olvidaron por completo de mi presencia. En este punto mi misión había terminado.

 

 

 

Próximo episodio:

El hombre que no debía morir.

Comentarios

  • Alt
    Dom, 04/05/2014 - 22:41 responder

    Vaya .....fuerte , "ma co" ....

  • Alt
    Lun, 19/05/2014 - 20:25 responder

    No se habla de los archivos kuman par rapport al evento del accidente.

    • Alt
      Lun, 19/05/2014 - 20:36 responder

      Hola, no sé habla de los archivos Kuman porque se trata de un cuento que escribió mi padre hace más de 3 décadas. Esos archivos a los que te refieres son,en la jerga de mi padre, el mundo del deseo, que a diferencia de los arcivos akásicos, contiene el potencial personal de cada ser humano almacenado desde su primer día en la tierra. Gracias!

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