La abdicación de un rey, “in my opinion”: visión cabalística de una noticia | Red Milenaria

La abdicación de un rey, “in my opinion”: visión cabalística de una noticia

Pasen, pasen y vean la gran función en el teatro de la vida. El ritmo de los acontecimientos es trepidante, desfilan las noticias, a cual más interesante y digna de análisis. Vivir de espaldas a la información resulta prácticamente imposible en un mundo donde los medios de comunicación son omnipresentes. La prensa, las tertulias televisivas, radiofónicas, todos derrochan tiempo y dinero vendiéndonos sus opiniones, sus elucubraciones, sacando su artillería pesada, su incontenible verborrea con el propósito de informar a su sufrido “público”. Se opina, se juzga, y según sea el color político o la ideología que se defienda, habrá más o menos cuotas de audiencia.

 

Lo cierto es que todo el contencioso nos sirve de guía para “ver” como va un país, una sociedad, sus intereses, etc. Sabemos desde la visión cabalística de la vida, que toda experiencia manifiesta es una experiencia que debe trascenderse; entiéndase por trascender superar las restricciones del ámbito en que se sitúa. La existencia se da en varios planos de la realidad. Cada acontecimiento es un mundo de múltiples significados si tenemos en cuenta que lo vivimos desde la acción, la emoción, el pensamiento y el espíritu.  

 

La forma de abordar los sucesos y las situaciones dependerá del nivel de conciencia con el que deseemos observarlos. Para eso la Cábala es ideal,  permite acercarse a la experiencia desde un plano más elevado o invita a la reflexión profunda, sea lo que sea lo que esté ocurriendo en el sustrato más elemental.

 

Esta clase de ejercicio al que suelo librarme lo he heredado de mi familia, de mis padres. Todo en casa, cualquier hecho era digno de estudio y de interpretación; todo tenía importancia y se convertía en una buena fuente de  información y enseñanza. Puede parecer un poco pesado estar en alerta permanente, -de hecho lo era en aquellos años para nuestras tiernas conciencias-, pero después te das cuenta de que esta clase de exégesis te lleva a interesarte profundamente por la vida que, lejos de ser insubstancial, te despierta un interés que se incrementa con los años porque todo cobra una dimensión fantástica y mágica también; nada es anodino.

 

Como dice Ken Wilber, uno de los padres de la psicología transpersonal, todo está interconectado entre sí en un entretejido sin costuras del universo, o parafraseando a Jung, entender el significado de las cosas hace que todo deje de ser un mero objeto exterior y pase a formar parte del intrínseco mundo del conocimiento interno repleto de sentido.

 

Si lo sabemos, ¿cómo podemos seguir pensando que estamos separados de la realidad del vecino, se trate de un jardinero, de un desempleado, de un rey, de un juez, de un comentarista o de un ladrón? Todos somos este o aquel que tenemos en el punto de mira.

 

En el mundillo de la información, es famosa la frase que reza que la noticia está donde uno quiere que esté, y cuando no la hay, ¡se fabrica!, sea cierta o no, ¿qué hay detrás de la verdad o la mentira? ¡información que necesitamos compulsar!

 

Esto me recuerda una anécdota divertida que corrobora esta visión y es la que contaba mi padre en referencia a sus primeros “pinitos” periodísticos. Se le ocurrió la sorprendente idea de escribir un artículo para el diario de “Los Sitios de Girona”, -y que finalmente se publicó-, acerca del descubrimiento de un filón de oro en aquellas tierras; decía entre otras cosas, que se organizaba “la caravana de los buscadores de oro” al más puro estilo de las del Oeste de Estados Unidos en el siglo XIX; los que quisieran apuntarse deberían inscribirse en la redacción del periódico. La avalancha de gente que se acercó a la redacción fue enorme, el director se asustó, aunque la compra de ejemplares del periódico se multiplicó. Mi padre, que por aquel entonces y como era habitual, utilizaba un pseudónimo, se libró del despido, faltaban noticias y por lo tanto había que inventarlas. Así se genera la especulación, se siembra la duda y a río revuelto, ganancia de pescadores. Cierto es que en aquellos tiempos a la ciudad de Girona le faltaban recursos o luz, (oro) según se mire!!

 

El morbo que generan las diferentes tertulias en los medios de comunicación, en vivo y en directo han desbancado en gran medida los artículos de opinión de la prensa escrita. Se hurga en la vida de las personas susceptibles de atraer al público. Se le ofrece al consumidor lo que quiere porque se le estudia detenidamente.

 

Todo se sabe, todo se espía, como tan magistralmente reflejó la película del cineasta Florian Henckel von Donnersmarck, “La Vida de los Otros”, ambientada en República Democrática Alemana del año 1984, cuando la todopoderosa Stasi, la policía secreta del régimen comunista de la RDA y su red de escuchas y espías sometían a un severo espionaje a la población susceptible de ir contra sus intereses. Pero aquí el rol de la Stasi lo han tomado los poderosos medios de comunicación: Ensalzan o desprestigian en nombre de una “verdad” trufada de manipulación. Pero, ¿quién construye ese escenario? ¡Fuenteovejuna señor!, es decir, nosotros los pueblos.

 

Los poderosos medios de comunicación reflejan nuestras propias tendencias y  proyecciones. Las noticias cargadas de fraude o veracidad repercuten en nuestra vida de la misma forma que la autenticidad o la falsedad atacan nuestra psique, nuestro espíritu. Cuando las escuchamos participamos de ellas, cuando las contamos estamos montando un escenario en el cual estas energías se cristalizan y acaban por asentar comprometidas bases de acción. Es tan claro y simple como que cuando un programa no tiene audiencia, desaparece, cuando la tiene, sigue y sigue, lo “re-fritan” hasta la saciedad.

 

Son muchas las noticias impactantes que se cuelan en nuestras vidas, pero la que ocupa ahora mismo en España la máxima cuota de pantalla, bate todos los records y nos satura, es sin duda la abdicación del Rey de España, Don Juan Carlos I de Borbón. Es como si el mundo se hubiese detenido en ese punto, y con este ilustre retiro se monta una fiesta informativa.

 

Y esta es, “in my opinión”, -tomando prestada a mi hermano Tristán esta divertida alocución-, mi reflexión al respecto:

 

Sin entrar en la dinámica de si monarquía sí o no, -no es desde estas páginas donde encontraréis esa clase de disertación-, lo que sí pretendo analizar es la figura simbólica del rey. Los símbolos acompañan al ser humano desde el principio de los tiempos y saber leer lo que representan puede ayudarnos a abrirnos al conocimiento trascendente.

 

Para las antiguas tradiciones, el monarca, el faraón, el rey representaba el ser cuya naturaleza procedía de las más altas instancias, del cielo, del todopoderoso, del señor del universo. Sus virtudes eran las de los dioses, su rol, ser enlace entre el cielo y la tierra; el enviado para establecer la paz y la justicia en su reinado con el poder que le había sido concedido, a imagen y semejanza de la organización superior. Los libros de historia nos han dejado testimonio de las pocas luces que nos aportaron muchas de esas majestades aunque su función debía ser la de aportar un valor ético, psicológico y espiritual.

 

Kabaleb decía que la imagen del rey es la representación del Yo Superior o nuclear,  el alma del self, ese estadio más elevado desde donde dirigimos la conciencia superior, lo que nos permite trascender cuando las tendencias más instintivas se confabulan a veces para dejarnos a merced de lo más primario de nuestra personalidad. Apelar al rey es apelar a nuestra parte más civilizada, sabia y divinizada, a ese lugar del Ser que está por encima de la esclavitud de los deseos.

 

Antiguamente los símbolos ocupaban un lugar predominante en la sociedad, mucho más de lo que podemos imaginarnos, pero conocerlos y comprenderlos era el privilegio de unos pocos. Se trataba de formar “súbditos”, no cabezas pensantes individuales que fuesen capaces de conectar con su rey interno y no necesitar al representante de turno; así las sociedades encontraban en sus reyes externos los personajes que les representasen y ya sabemos lo que dieron de sí las diferentes monarquías a lo largo de la historia.

 

Un rey debería ser un compendio de bondad, un modelo de virtud, una excelencia, pero pedirle a un rey de carne y hueso que sea todo esto y que manifieste los más elevados valores, es harto complicado, porque volvemos al principio de nuestra disertación, ¿quiénes coronan al rey?, nosotros, los pueblos.

 

No obstante quedan pocos países con monarquías activas, ¿será que han llegado a la madurez y tienen su Yo Superior en plena efervescencia?, Yo diría que tampoco. Si no hay rey, hay un gobierno, que para el caso es lo mismo pero sin tanto glamour o protocolo.

 

Repitamos, la cuestión no es si rey sí o rey no, sino, ¿qué genera esta figura en la sociedad?, ¿qué representa para el pueblo?; ¿Es un personaje que cuida de sus representados, comprende sus necesidades, se ocupa de la paz, la prosperidad, la abundancia que ayuda al más humilde a desarrollarse y a descubrir su rey interior? ¿Necesitamos un rey, un gobernante, un fiscalizador fuera porque no conseguimos que todas estas tendencias actúen al unísono en nuestro interior?

 

Todo cambio en un trono, como la abdicación de un rey, tiene varias lecturas. Está claro que se trata de un final de etapa, la posibilidad de renovar votos. Tal y como suele decirse, a rey muerto, rey puesto y ¡viva el rey! Lo cierto es que no podemos estar sin la ley que el rey representa, la de nuestro Yo Superior- Conciencia, solo cabe el relevo, que un nuevo rey tome las riendas de nuestra personalidad más elevada para hacer cambios operativos.

 

En una sociedad dividida entre los partidarios de la monarquía y los que no lo son, me quedo con la reflexión profunda acerca de estos grandes cambios que se avecinan porque me llevan a buscar y encontrar respuestas en clave simbólica y arquetípica, que es lo que me permite superar la división propia de la Torre de Babel.

 

La exclusión, venga de donde venga es contraria a la unificación, pero la unificación tampoco puede restringir las libertades, los ideales, las lenguas, las identidades, que solo desde el respeto se pueden garantizar. La condición humana se construye con un pueblo celular, un cerebro que centraliza las funciones, una estructura ósea que da cobijo a toda esa organización, y por encima, por encima de todo esto, de la materia, está el espíritu, el alma que bendice su existencia.

 

El rey, nuestro rey, está ahí vigilante, amoroso, atento a cada una de nuestras acciones para dirigirnos, para reconducirnos, para darnos ese aliento y cobijo, para impulsar nuestra voluntad cuando desfallece. Esta debería ser la figura del monarca exotérico y si no no lo es, ¿será que aun no hemos conquistado ese poder, que no nos merecemos más que el pálido reflejo de lo que realmente es un verdadero rey sabio?

 

No deleguemos más esa función en quien tampoco ha conquistado su reinado interno. Rescatemos a nuestro rey interior, rindámosle honores, respetemos su maestría, escuchemos sus sabios consejos y tal vez, solo tal vez, nuestro rey, nuestro príncipe, nuestro gobernante se avenga a ser aquel que realmente nos merezcamos. Mientras tanto seguiremos desperdiciando sentimientos, pensamientos, energías en pos de un ideal que debemos sin duda rescatar en nuestro interior.

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