Júpiter, mitología y Cábala | Red Milenaria

Los atributos de Júpiter, un poco de Mitología

Júpiter es el planeta de la abundancia, de la bondad, de la expansión y de la suerte, entre otras muchas cualidades. La mitología se refiere a Zeus para los griegos, y Júpiter en el panteón romano, como el dios de los cielos, fuerza omnisciente que reina sobre todas las cosas, es hijo de Cronos-Saturno, el dios del tiempo y del destino. Cronos se enteró de la maldición que pesaba sobre él vaticinada por Ouranos y Gaia, el Cielo y la Tierra: sería destronado por uno de sus hijos. La solución que adoptó fue tragarse a todos sus vástagos a medida que iban naciendo. Pero un día, Rea, su esposa, harta y triste de no quedarse con ninguno de sus pequeños, al parir el sexto, decidió salvarle la vida. Le dio a Cronos una piedra envuelta en pañales y entregó a su recién nacido, -el pequeño Zeus-, a las ninfas para que cuidasen de él. Fue criado en una cuna de oro y alimentado con la leche de “las kouretes”, las cabras sagradas. Un día le arrancó un cuerno a Almadea, su cuidadora personal, y lo convirtió en el cuerno de la abundancia para todo aquel que creyese en sus bendiciones. Creció en majestad y valor y llegó el día en que debía destronar a su padre. Pidió consejo a Metis, (la prudencia), con quien se desposó entre otras muchas conquistas. Esta le ayudó y le preparó una droga, un brebaje mágico para suministrar a su padre, Cronos, el cual debía ingerir, y que tenía el poder de hacerle vomitar toda su prole. Con la ayuda de sus hermanos, de los Titanes y de los Cíclopes destronaron a Cronos, y Júpiter cumplió la profecía y ocupó su lugar en el olimpo. Dieron a Zeus un rayo, a Hades un casco que lo hacía invisible, y a Neptuno un tridente. Después de 10 largos años de luchas, acabó reinando en el Olimpo. Se desposo infinidad de veces y tuvo infinidad de hijos. Entre éstos, unos cuantos destacados, las Musas, las Horas, Apolo, Afrodita, Heracles, Perséus, Hermes. Júpiter en el panteón romano fue nombrado el guardián de los campos, de la fecundidad, del rayo y de la lluvia, protector de uniones, de las ciudades, de los pueblos, de los estados y de de las leyes.

El relato mitológico no deja dudas acerca de la influencia de Júpiter como arquetipo del poder, de la proliferación, de la abundancia, gracias al cuerno que le otorga la potestad de multiplicar sus bendiciones. Destrona lo arcaico, lo que se resiste a la renovación del orden antiguo, (Saturno), y obtiene lo que quiere, no sin luchas de poder, -las que lleva la psique a revolverse cuando surge un cambio importante para el cual el individuo no se ha preparado-. La presencia de Júpiter impone un orden nuevo, genera expectativas, las multiplica, tanto las mejores como las peores, porque lo exalta todo, lo exagera todo; enaltece, eleva, amplifica. La influencia de Júpiter en un signo que se expresa generosamente; imparte justicia; se muestra dispuesto a crear, a emancipar. Es el poder ejecutivo, el liderazgo, el carisma, la bondad, el gusto por la aventura, la alegría, el sentido del humor, el entusiasmo, el optimismo, la benevolencia, la amplitud, la autoridad, el honor, la plenitud. Rige el hígado y la circulación arterial.

La energía jupiteriana representa el dominio, la fuerza, la ambición, la capacidad de generar expectativas, la abundancia. En la carta natal expresará, en la parcela en la que se encuentre, la experiencia de la expansión, de la exageración también, del poderío, del optimismo y de la multiplicación de todo lo que esté bajo su mando.

Cuando hay disonancias puede provocar exageración, prepotencia, ambición desmesurada, arbitrariedad, ostentación, gula, exhibicionismo, tendencia a engordar, carácter justiciero; vanidad, despilfarro, permisividad extrema.

Hesed en el Árbol Cabalístico

En Cábala asociamos Júpiter a la esencia de Hesed. Es el cuarto Sephirah en el Árbol Cabalístico, emanado de la esencia de Kether, Hochmah y Binah. El nombre de Hesed (Hheith-Sâmekh-Dâleth), significa "Clemencia o Bondad". En algunos tratados se expresa con el nombre de G'dôlah (Ghîmel-Dâleth-Beith-Aeïn), que significa "Grandiosidad, Esplendor". 

Hesed, al encontrarse debajo de Hochmah, expresa de manera más concreta la idea de la perfección de las estructuras, ya que proviene de Binah, estructurador por excelencia. En Hesed prevalece más que nunca la idea de una fecundación constante del universo, de un universo cada vez más perfecto, sin límites, erradicando lo que no tiene cabida en un universo de perfección sin fin.

Hesed hereda el Agua-Amor de Hochmah que lleva a su vez el Fuego del impulso creador de Kether, y de Binah recibe el encargo de condensar la energía, que al enfriarse permite la estructuración; esto nos lleva al barro que moldea las formas. De Hesed surge el estallido de vida, tal y como salen en primavera los primeros brotes de la naturaleza. Nos encontramos con que una actividad frenética muy exaltada se pone en movimiento. Infinidad de categorías de seres muy atareados se disponen a trabajar. Tronos, Coros, Serafines, Arcángeles y Ángeles, pululan en torno a la vida. 

Júpiter-Hesed representa el paraíso, la bondad y la abundancia en todas sus manifestaciones. El optimismo que tanto nos hace falta en los momentos actuales. Para que Júpiter esté en sintonía con nuestros mecanismos internos, tenemos que facilitarle las cosas. Recordemos que los planetas no son energías exteriores, sino dispositivos interiores que se ponen en marcha al son de nuestra voluntad.