Acompañar en el sentimiento: ¿en el duelo o en la luz? | Red Milenaria

Acompañar en el sentimiento: ¿en el duelo o en la luz?

Una rápida ojeada a los medios de comunicación, y en este caso a las noticias acerca de la tragedia del avión de Germanwings en Los Alpes, nos introduce en una espiral de información de hondo calado que, bajo esta presión mediática, deja fuera de juego nuestro sistema emocional y psíquico. La fácil identificación con la tragedia hace daño, mucho daño a nuestro sistema de defensas, lo aniquila, sobre todo cuando se trata de personas jóvenes, o aquejadas de alguna dolencia o simplemente demasiado influenciables o sin demasiada fortaleza interior. Pero ciertamente, ¿quién la tiene o la conserva cuando asistes a la barbarie de unos acontecimientos que embargan nuestro corazón?

 

En esto consiste, una vez más, tener conciencia de los procesos individuales y colectivos a los que estamos adscritos. Hay personas que están sufriendo y su dolor es intransferible, una pérdida, un desgarro que sienten profundamente, no solo en el alma, en el corazón o la psique, sino que todas y cada una de las células de su cuerpo están afectadas por el tremendo impacto que están viviendo, luchando a brazo partido por superar el conflicto, por no rendirse, por dar la talla para que todo el organismo reaccione y no se hunda.

 

El cuerpo es sabio, muy sabio y aún sin fuerzas, saca la valentía de los diferentes sistemas de navegación que posee; de las tiroides, que se esfuerzan para mantener una voluntad activa; de las suprarrenales que segregan más adrenalina para apoyar la acción porque hay que soportar lo que viene…

 

En esta lucha biológica la psique busca una salida porque si entrega el timón al sistema emocional es muy posible que ese ser humano tan afectado, tire fácilmente la toalla.

Quien sufre esa clase de situaciones empieza por negar la realidad; siente rabia, impotencia. Pero hay que llorar la pena, la inmensa tristeza para empezar el duelo cuanto antes, aunque cada uno tiene su velocidad de crucero.

En los casos de tanto sufrimiento y sobre todo cuando afecta todo un grupo de personas al mismo tiempo, el apoyo psicoemocional es fundamental. Los profesionales que se encargan de ayudar a gestionar todo este trance conocen  bien lo que representa de esa ayuda, que en los primeros momentos resulta imprescindible en la mayoría de los casos.

 

Cuando un gran número de personas traspasa colectivamente, supone, para los traspasados un desconcierto general; el alma es separada muy bruscamente de su cuerpo y es muy posible que necesite tanta ayuda arriba como los que la necesitan los que se quedan abajo. Es por ello que, -desde esa visión de los hechos-, que es muy importante conectar con esas almas para aportarles paz, tratando de ayudarles a comprender qué les ha ocurrido.

Pero para ayudar en condiciones, es necesario aportar amor, calma, sosiego, no turbación.

Pero no se enseña a morir, la muerte sigue siendo un tabú.

 

Cuando hablo de todo ello suelo decir que no se trata de acompañar a la gente en su dolor, sino acompañarla en la vida, con el deseo de sostenerles para que el sufrimiento, de alguna manera, se amortigüe;  es liberarles de un poco de su peso, orientándolas, para que la energía circule y les ayude a alcanzar más paz interior, con comprensión, con dulzura, con un largo abrazo, pero sobre todo estando bien anclados en la vida, porque es cuando la terapia emocional es más efectiva y fortalece. Dejarse llevar por la tristeza, por la amargura, por el desequilibrio no ayuda a la persona, al contrario, la hunde más. Recrearnos en la tragedia debilita.

 

Los medios de comunicación nos bombardean de información buscando la noticia, justificando sus objetivos, pero sin tener en cuenta que sus prácticas, morbosas, en muchas casos y repetidas hasta la saciedad, recrean las bajas pasiones; los comentarios, las imágenes tocan la fibra, cuando no, agreden la sensibilidad. Con todo ello insisten en el dolor o el rencor, y los que no han sufrido en propia carne el desastre se ven arrastrados por esa marea de información que con sus emisiones energéticas producen más deshazón, más ira, más incomprensión, más venganza, más lamento y más llanto. Así, es responsable quien emite y quien recibe.

 

No hacemos ningún favor a las personas que sufren esos percances, sintiéndonos partícipes de su debacle, al contrario, contribuimos a aumentar el egregor de su desolación. La  identificación lastra, ejerce un fuerza coercitiva tremenda que acaba generando una masa densa de chapapote emocional y esa tupida materia deja sin aliento, sin fuerzas a los que tienen que estar tirando del carro para que los que están bajo los escombros puedan levantarse.

 

Sepamos elevarnos para mandar amor, rezos, sonrisas, abrazos, luz a todos los habitantes de este bendito planeta, a los que sufren ahora y los que sufren siempre para que sientan el calorcito del abrazo de nuestra humanidad.

Comentarios

  • Alt
    Vie, 27/03/2015 - 20:10 responder

    Justo salgo de la iglesia de L'Escala, donde me quede un largo momento, reflexionando mirando a Jesus...Pense en la Via Crucis, en todas las Via Crucis de cada uno de los seres vivos, y pensé en la luz, pq quiero pensar que todos nuestros caminos conducen a la luz. A volver, vi tu articulo...

    • Alt
      Vie, 27/03/2015 - 20:54 responder

      Si, a ver si dejamos atrás ya los vía crucis y nos elevamos como sabiamente expresas. Abrazos de Luz!

      • Alt
        Vie, 27/03/2015 - 22:09 responder

        Totalmente de acuerdo, recrearse en la tragedia debilita la energía, así que unamos nuestros corazones para mandar amor a los familiares y a esas almas para que ehay ncuentren la luz. Acompañemos con sentimiento a la luz.Un abrazo Milena.

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