Claves Numerológicas para el año 2011

El análisis del año 2011 pasa por el estudio de los valores numerológicos que componen la cifra que este año suma 4. En primer lugar destacamos el 2 que encabeza el milenio. El 2 es Beith y es una letra doble. Por otra se relaciona con el Sephirah Hochmah de Etz Hayim, el Árbol Cabalístico

El Beith es Sabiduría y Locura, significa casa y designa el primer arquetipo de todas las moradas donde el germen de la Vida se cobija, se auspicia. Es la fuerza que sostiene el primer embrión. Es lo dual de la existencia, pero la piedra angular que sostiene el universo. Representa la psique, el Yo Soy que busca afirmarse, la energía cósmica que pone en funcionamiento aspectos más cristalizados de nuestra personalidad pero que tiene que pasar por una interiorización; llenar el receptáculo a través del cual tiene que expresarse antes de que pueda derramarse al exterior. El Beith tiene la virtud de hacernos obedientes al propósito divino, pero sin ser conscientes de la existencia de tal propósito. Esa condensación de la fuerza divina produce el AMOR, porque el Amor contiene la vida.

El Sephirah que la representa es Hochmah, que también es Amor no revelado a la conciencia pero que actúa en nuestro interior produciendo fidelidad a la ley, a una circunstancia, a una persona, a una sociedad. Es como una iluminación interior, un chorro luminoso que al vaciarse en nuestro fuero interno nos purifica y transmuta. Así son los años 2000, son los que deben producir esa interiorización de todo lo divino para transmutar la oscuridad. Este es el propósito de este milenio que nos lleva a buscar en la dualidad la unidad, reconquistando la parcela de esa conciencia unitaria. El Amor nos reconduce por la senda de esa unidad perdida que anhelamos reconquistar.

Hay un cero y este es un aspecto que se asocia a la transición, es como el agujero negro, el puente Einsten-Rosen que dirían los físicos. No tiene valor numérico aunque en un estudio numerológico se expresa como este vacío dentro de la secuencia que separa los números y les da una fuerza individual. Como el cliqué negro entre secuencia y secuencia de una película. El cero separa las dos cifras restantes, que son repetidas, dando lugar a la doble polaridad de su esencia. Es el 1, letra Madre, el Aleph, (buey, toro primitivo). Primera letra y arquetipo del principio abstracto de toda creación, de todo lo que Es y no Es. La Unidad, un símbolo de poder absoluto pero que sólo puede expresarse mediante la cooperación y complicidad de otros arquetipos o números. El uno suma siempre. Representa el soplo de dónde surge la Vida. Aleph contribuye a la realización material, pero no es materia, sino el poder energético sin el cual nada podría hacerse. En nuestro actual estado evolutivo, no podemos identificarnos conscientemente con Aleph y cuando esa fuerza se activa en nuestra vida nos utiliza inconscientemente como instrumentos para realizar actos, cosas, situaciones. Representa el estadio del fuego, un fuego semilla, un fuego que se encuentra en lo profundo de todas las cosas y que permite la chispa, la llama. Hasta en la piedra encontramos encerrado el Aleph, porque si rascamos dos piedras, salta la chispa que delata su presencia.

Kether es el representante sefirótico del 1. Es un rostro oculto del Sol, ese Sol invisible del que hablan los místicos y que es energía pura cuando surge inesperadamente en mitad de nuestra vida. Esta energía destruye lo edificado para volverlo a su estado primordial, como si una bomba cayera sobre nuestra realidad y no tenemos más remedio que volver a construir. Es muy difícil canalizar positivamente esta energía. Se asocia esta letra-sephirah al principio de vida-muerte-vida, porque la fuerza que produce la vida es también la que destruye toda cristalización. La psique humana necesita recrearse en una continuidad, marcar una existencia, para mantener el Yo vivo. Nos identificamos con la forma para seguir perpetuándonos. Necesitamos creer en lo inmortal porque no podemos entender el término de eternidad. Lo que en realidad existe en Aleph es el no-tiempo, ya que el tiempo es un arquetipo “finito”. En cambio el no-tiempo del Aleph está y no está en todas partes. Esta es la revelación del Aleph. La revelación está en cada uno de nosotros.

Son dos los Aleph que componen la cifra del año, lo que nos da idea de lo que nos deparan las situaciones, la energía del 1. Los dogmas se caerán, deberemos renunciar a lo que está programado.

El pensamiento libre debe imponerse por partida doble, (Aleph-Aleph). La conciencia ya no puede estar secuestrada por un condicionamiento. Recordemos que es el arquetipo de vida-muerte-vida, flujo y reflujo donde ya no queda ni tiempo para pensarse las cosas y ya hay que estar cambiando, renovándose continuamente, bullendo, efervescentes, dispuestos a volver a empezar las veces que haga falta, iniciar, innovar. Si a esto le sumamos las energías planetarias de las que ya hemos dado pistas en otros artículos, (análisis de las lunas y tránsitos planetarios), vemos que este va a ser un año de absoluta redimensión de las experiencias.

2011= 2+1+1= 4

La suma de esta cifra que es lo que nos da el valor absoluto y es 4.

El Cuatro como Daleth, (letra doble), cuarta letra del alfabeto sagrado y que significa seno, abundancia, reciprocidad, alimento. Es la energía de la naturaleza divisible que permite su desdoblamiento, su multiplicidad. Derrama abundancia, anima todo lo existe en la naturaleza y ejerce resistencia a la vida-muerte-vida que expresa el Aleph. Por lo tanto representa el estadio de las cosas que se modifican gracias a las continuas mutaciones. Es el símbolo de una constante renovación gracias a un movimiento cósmico que empieza por dentro, (2), que coge carrerilla, (1+1) y se derrama en el exterior, (4).

Nada va a ser igual en nuestra vida durante el año 2011. La energía de este estado de conciencia nos va a permitir comprender la necesidad de cambios importantes y decisivos en nuestras circunstancias. El Daleth es una estructura, por ser el 4, pero también expresa lo que se abre a otras formas, otras dimensiones. Hacer planes será lo más alejado de la dinámica que se nos planteará.

Como decía Kabaleb, “Cuando nuestra situación en el mundo cambia, cambian igualmente nuestras perspectivas de acción futura, de modo que el Daleth, reflejo de esta situación, es al mismo tiempo un resultado y un portador de gérmenes nuevos, al igual que la fruta, que constituye el producto elaborado terminal de un ciclo, pero que al mismo tiempo contiene la semilla portadora de futuros frutos.”

El Séfira que representa al Daleth es Hesed, precisamente el Centro de la abundancia paradisíaca. Hesed-Daleth representan un inicio de un nuevo ciclo de Fuego-conciencia que empezó el año pasado, (2010), con la aparición del 1 en la cifra. Esa abundancia y plenitud de la que nos hablan el Daleth y Hesed es lo que podemos obtener este año si somos capaces de realizar los cambios necesarios, aquellos que nuestra conciencia ha programado y que posiblemente no se acuerde haber elaborado. Pero esos cambios no tienen porqué ser conflictivos, sino expansivos. Ser como nunca hemos sido, hacer cosas que nunca hemos hecho, sentir o pensar lo que jamás pensamos que podíamos sentir o hacer. Pero no se trata de un esfuerzo en solitario, sino colectivo porque el 4 es la piedra angular sobre la cual edificar nuevas realidades, es el cuadrado, la realidad material. Para lo que se resisten a cambiar de mentalidad, este puede ser un año que dinamite sus convicciones, pero para los que se apuntan al movimiento, el planeta, la sociedad los va a implicar más. Los valores, tan maltrechos van a volver a ensalzarse, los que buscan la unión, la solidaridad, la renovación de afectos pueden conseguir sus propósitos si evitan la predisposición. La consigna: no esperar nada, asumiéndolo todo.

Por otra parte, va a haber una recuperación respecto a lo que hemos tildado como crisis del siglo, porque crisis, recordémoslo significa oportunidad, pero siempre y cuando no nos dejemos influenciar por los agoreros del desastre, porque la toma de conciencia será lo que nos salve de las situaciones límites en el último momento, tanto en el ámbito sentimental, profesional, como económico. Están preparándose nuevos modelos sociales, las noticias optimistas, positivas van a vender más. Recordemos que le 4 multiplica, por lo que tendrán esos efectos en todos los sentidos. Si generamos bondad, alegría, sabiduría, generosidad, uniremos y sumaremos. Si separamos, creamos conflicto, negatividad y sufrimiento, fracasaremos. La Numerología apunta maneras, nos sugiere, pero nosotros somos quienes administramos sus energías. La vibración de los números está en nuestro interior, de nosotros depende su utilización.

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