13May

La conciencia cabalística en el universo

 

Buscar la conciencia en el cerebro es como buscar al locutor dentro del aparato radiofónico.

Nasseim Haramein

La psique, la gran mente, el vehículo del alma, viaja cuánticamente, se desplaza en lapsos de tiempo que solo la conciencia puede cuantificar. Según los físicos Stuart Hameroff y Sir Roger Penrose, los microtúbulos de las células cerebrales son los responsables del procesamiento cuántico que permite, por ejemplo, liberar la conciencia al morir. Pero no solo nuestra conciencia utiliza estos mecanismos cuando se desagrega del cuerpo, sino que también ocurre cuando viaja, por ejemplo, por el espacio onírico, donde el tiempo parece detenerse.

Estos dos científicos afirman asimismo, que la experiencia de la conciencia es el resultado de los efectos de la gravedad cuántica en estos microtúbulos, una teoría que llaman “Reducción Objetiva Orquestada”, (OR). Es lo que identifican como la protoconsciencia, una propiedad fundamental del universo activa y presente desde el comienzo de los tiempos y que marca la actividad de lo que podríamos llamar la Gran Mente, que descarga su información a la realidad física. Así tenemos que la conciencia es la que crea la realidad y nuestros cuerpos acaban siendo una proyección originados por un modelo energético en el que nuestros átomos y moléculas se alinean formando una estructura material, un organismo.

De esta forma, y siendo así, si intervenimos conscientemente en el mecanismo de la protoconsciencia, esto es interceder en el flujo energético que creó e influenció el comportamiento celular, podemos recalcular, recomponer, reparar, reorbitar nuestra realidad. La Alquimia Genética de Soleika Llop es una buena prueba de ello. Sus trabajos en el nivel cuántico del ADN exponen que es posible revertir problemas, sanar, transmutar, despertar a una nueva conciencia del ser y por lo tanto del organismo.

21Aug

La sincronicidad, una toma de conciencia que nos afecta a todos

Fue Carl Jung el primero que acuñó el término sincronicidad, que definió como una concordancia existente entre dos hechos que ocurren simultáneamente y que se relacionan mediante un azar creativo cargado de significado para el observador. Fue el estudio de la filosofía oriental, el Tao y el Vedanta, así como su interés por la telepatía y la clarividencia lo que le llevó a investigar la íntima conexión entre el individuo y su entorno. Afirmaba que en determinados momentos esta conexión ejerce una atracción que acaba creando circunstancias coincidentes y éstas tienen un valor específico para la persona. 

 

Convencido de que existe un principio universal por el cual una fuerza de atracción similar a la de la gravedad tiende a atraer hacia la unidad lo que le es afín o similar, cada hecho significativo tenderá a atraer otros hechos similares. Este principio formaba ya parte del manual cabalístico, pero Jung lo aplicó a sus prácticas terapéuticas.