La Astrocábala y la educación: signos de Fuego | Red Milenaria
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El perfil Astrocabalístico permite entender cuáles son las diferencias entre las distintas naturalezas de los futuros adultos según su arquetipo zodiacal.

Hemos hablado de lo importante y útil que sería si la enseñanza y la educación contasen con el estudio del perfil astrológico de cada alumno, de cada persona desde su más tierna infancia. Esos datos son relevantes porque aportan una valiosa información para entender el perfil, el carácter, la personalidad del individuo en el desarrollo de su proyecto de vida.

Cada signo tiene unas características determinadas relacionadas con su elemento, con el lugar que ocupa en la rueda zodiacal y respecto al programa que tiene asignado. Desde la primera etapa de vida el comportamiento del individuo no solo recibe influencias del entorno, sino que se desenvuelve de acuerdo con las tendencias adscritas a su propio trabajo humano. Vamos a definir algunos de los rasgos de cada signo. Siempre podemos pensar que se trata de generalidades, porque solo el estudio específico de un tema natal personalizado nos dará las auténticas claves, pero a modo de orientación empezaremos por los signos de Fuego según el método Kabaleb en el estudio del orden del Zodiaco Constituyente.


Signos de Fuego: guía para educar a Aries, Leo y Sagitario

 
Aries

Primero de los signos de Fuego, por lo tanto es la expresión del entusiasmo, de la vitalidad, del “me apunto al más difícil todavía y de paso pongo a prueba la paciencia de los demás”. La impulsividad y la inconsciencia son características propias de este “Juan sin miedo”, al que no se le puede pedir que vaya con tiento por la vida. Su planeta es Marte, lo que le confiere esa fuerza de acción y un indiscutible liderazgo. Como suele ser quien se atreve con todo, también es el mimado del Zodíaco, -hay que cuidarle, es el más niño-. Primero actúa, después piensa, y no va a mirar hacia ningún otro sitio que no sea delante y a corta distancia. Empieza un juego y ya tienes que pasar al siguiente, se cansa porque su interés está siempre un poco más allá.

Se trata de entender que necesita vivir muchas experiencias, que no le importa equivocarse, lo que más le motiva es precisamente el reto. Unas veces líder, otras blanco de críticas; o se le admira, o se le rechaza. Pero hay en su naturaleza algo que le confiere un valor añadido, y es su generosidad, su voluntad de acción que moviliza conciencias, empezando por las de sus padres y la de sus profesores.

La personalidad Aries en su más tierna infancia se presenta como un alma que desea que se le comprenda en su afán de captar todo el protagonismo. Si le aceptáis tal y como es se sentirá especialmente agradecido. Dinámico, valiente, combativo, impaciente cuando las cosas no se hacen al ritmo que trata de imponer, se trate del baño, del juego o la salida al patio. “Yo solito” es una de sus frases preferidas, necesita libertad de acción para probar, para darse de bruces contra el suelo, siendo que la cabeza es quien recibe primero en su caso.

Los juegos o juguetes deben ser principalmente, competitivos, aunque lo que no pueda resolver en un momento, lo apartará rápidamente. Vivir en la ficción, con capa y espada, en el mundo de los cómics, siendo el héroe o el villano, será como darle las herramientas adecuadas para que se sienta “especial”. No se va a entretener con un puzle de 400 piezas. Por otra parte, hay que enseñarle a compartir, a ceder, a disciplinarse, de lo contrario será el que marque las normas en casa y en cualquier otro lugar donde se le antoje.

A un Aries hay que enseñarle a canalizar su desbordante energía para que la impotencia no se convierta en rabia. Sus pataletas pueden ser de traca pero durar exactamente el tiempo de un petardo. Sus emociones son intempestivas, no cabe mucho la introspección en su naturaleza, pero tiene que aprender a reflexionar.

En el periodo estudiantil, sus ganas de destacar pueden ir de lo mejor, a todo lo contrario, no hay medias tintas. Pero si se motiva, sus resultados serán espléndidos. A Aries hay que darle crédito y mérito, un “sonajero” para que se entretenga, tenga 2 o 49 años, de lo contrario monopolizará la situación. Hay que recordar que es inútil mostrarle que se equivoca, no le importa, no le preocupa, y es difícil que reconozca sus fallos. No puede perder tiempo en lamentaciones. Eso no quita que tenga que responsabilizarse de las situaciones, pero no se eterniza en razonar sobre los errores que comete, lo que necesita es ver que hay más opciones, ya tomará nota, rectificará, aunque lo hará sin que nadie se entere y encima se pondrá medallas. Pero a esta naturaleza, ¡se le perdona todo!

En plena debacle recordad que cuanto más suben los decibelios, más se encienden los motores de quien se crece ante el desafío. Por lo tanto conviene bajar la voz y desconcertarlo. No hay nada mejor que un buen baño para calmarlo, para relajarlo y apaciguar su impulsividad, sus nervios. Cuando Aries está secuestrado por la ira, solo la paciencia y la ternura pueden desarmarlo. Enfrentarse es perder la batalla y el tiempo. Sube como la espuma y baja con la misma rapidez.

En cuanto a las relaciones sociales, en el colegio, si se le da un papel preponderante, como por ejemplo estar al tanto de un compañero que no consigue superarse, su lado altruista saldrá a relucir y su satisfacción será máxima. Después contará sus proezas, pero es lo que tiene tener a un Aries prende-mecha y apaga-fuegos cerca. Un Aries que no corre, que no atropella, que no se lanza de cabeza en lo que sea…, es un Aries descafeinado. La personalidad ariana es encantadoramente demoledora, apasionadamente imprevisible e irremediablemente libre.

  • Se siente a gusto entre personas que buscan un “más difícil todavía”, que no se conforman con pasar por la vida de puntillas y que no se desesperan si no pueden seguir hasta el final el hilo de una conversación, de un trabajo, de una relación.
  • Sus mejores cualidades: su enorme vitalidad y entusiasmo, su generosidad y su capacidad de superarse.
  • Las peores: su impaciencia, su rebeldía, su desobediencia, su intolerancia.
 
Leo

Segundo de los signos de Fuego, regido por el Sol. La película, “El Rey León” podría ilustrar perfectamente la personalidad de Leo cuando llega majestuosamente al hogar.

Vive para ser “admirado”, para iluminar la existencia de sus padres, porque tenéis que daros cuenta de que es un auténtico tesoro y es muy conveniente celebrar cada día que pasáis a su lado sin escatimar esfuerzos para que viva en una permanente fiesta. Hay que rodearle de comodidades, de las mejores ropas y ofrecerle los manjares más exquisitos; todo a su alrededor tiene que ser insuperable, acorde a su presencia, porte y categoría, porque en realidad viene a prestar audiencia y conciencia para que la vida sea más bella y perfecta.

Puede suponer una ardua tarea tenerlo siempre todo a punto para que este ser celestial se encuentre a gusto en la tierra, pero hay infinitas recompensas con Leo a bordo, y es que va a impregnar el ambiente de una energía sana, lumínica y contribuir a la felicidad de quien le rodee.

Después de glosar sus excelencias, ¿qué ocurre si la personalidad Leo se siente insatisfecha?, pues que va a comportarse exactamente al revés de como debería ser; se quejará por todo, no brillará y responsabilizará a cualquiera de sus fracasos y nadie comprenderá lo mucho que se merece.

Leo desea ocupar un lugar preponderante en la sociedad, primero en casa, después en el colegio y más tarde en la vida social y profesional. Es puro Fuego pero más reflexivo que Aries, por lo tanto es más complejo pero sabe que si él se siente bien, será el perfecto anfitrión y el mundo será mucho mejor gracias a su presencia.

Y esto es lo que va a expresar y a “ejercer” desde su más tierna infancia y de la manera más natural. Quiere que su familia sea ejemplar, que sus educadores sean comprensivos y atiendan todas sus necesidades, y que sus amistades estén a la altura de sus expectativas. Es el maestro de ceremonias, reparte roles, decide quién es quién; es selectivo en todo con una única razón: busca la excelencia, es el paladín de la conciencia. Leo es el signo de la enseñanza, de la maestría, de las mejores oportunidades. Por lo tanto su educación tiene que seguir ciertos cánones para que pueda ejercer su función a la perfección.

Necesita rodearse de afecto, de ternura, aunque muy especial y selectivo en sus demostraciones afectivas, tampoco olvidará nunca un favor, una atención. En los momentos tensos hay que dejarle en paz, que asuma lo que ocurre, y aunque no es de los que guarda rencor, necesita un buen rato de introspección. La reprimenda es más efectiva cuando se apela más a su corazón que a su mente. Sus educadores deben entender que más vale un toque de atención certero: “eres capaz de hacerlo mucho mejor”, que cualquier reprimenda agresiva que le dolerá muy especialmente y le servirá de poco. 

Leo viene a disfrutar, no a sufrir, y si se le contraría o cuando siente que ha fallado ante "su público", la frustración es máxima, en él no cabe la imperfección. Su sabiduría es innata, como el rey que reparte bendiciones o castigos.

El ocio es muy importante para Leo, así como el deporte, los juegos de azar y todo lo que le ayude a expresar su creatividad, su poderío y las diversas formas de destacar; disfrazarse, ir de fiesta en fiesta, hacer teatro, son actividades que le ayudarán a ser feliz.

En el colegio, ser delegado de curso, o que se reconozcan sus méritos, sus avances, puede ayudarle a superar cualquier cosa. Busca destacar por sus habilidades y tiene una autoridad natural, sabe ganarse el respeto de la gente, de sus compañeros con un carisma indiscutible. Pero es cierto que la línea entre la prepotencia y la nobleza es fina en su caso, más cuando no conoce aún sus cualidades y quiere brillar a cualquier precio. Pero si se estimula su potencial, su valentía, una sana competitividad, su inquebrantable amistad, sabiendo que es una alma noble que debe mostrar caminos, le será mucho más fácil hacer lo que le toca: incentivar a los que tenga cerca y enseñarles que una vida mejor y más amorosa siempre es posible.

  • Leo se mueve bien entre artistas, soñadores, creativos, profesores, gente que va por la vida de frente escalando montañas u obstáculos.
  • Sus mejores cualidades: la nobleza, la lealtad, una sabiduría contagiosa, una buena conciencia y un gran corazón.
  • Las peores: la superficialidad, la falta de autenticidad, la fanfarronería, la prodigalidad.
 
Sagitario

Tercer signo de Fuego, regido por Júpiter. Es cierto que ningún angelote viene con un libro de instrucciones bajo el brazo, pero aunque lo llevasen, con la personalidad Sagitario, de poco serviría. Su talante liberal, su imprevisibilidad, su naturalidad, “hago esto porque me da la gana y es lo que más apetece ahora mismo, pero de buen rollo, ¿eh?”, son lemas que hay que ir asumiendo cuando se tiene a Sagitario en casa. Lo cierto es que se trata de un auténtico experto a la hora de buscarse la diversión para que la vida sea una permanente aventura repleta de situaciones animadas, joviales, optimistas. Es una personalidad muy gratificante porque sus cualidades son muy notorias: su franqueza, (que a veces duele), su bondad, sus atenciones, aunque lejos de cualquier sentimentalidad, hacen que cuando vibra alto y claro, sea una delicia estar a su lado.

Para llevarse bien con esta naturaleza tan intensa hay que respetar su espacio, tratar de no imponerle horarios y seguirle el juego en todo. Pero el problema es que en realidad necesita reglas, seguir las normas, de lo contrario, se dispersa o se vuelve autoritario.

Hay que darle espacio para moverse; controlarle a distancia para que no se escape; activar su destreza e ingenio, pero cuidando que no se pase. Le sobra ambición y competitividad. Tener a Sagitario encerrado es martirizarlo. Necesita salir, entrar, jugar, divertirse, y todo sin perderlo de vista. No hay quien pueda poner vallas al campo ni limitar a Sagitario. Su arquetipo, Júpiter le lleva siempre más allá de donde sea. Posee una dotes innatas para la comedia; un entusiasmo a prueba de bombas, cualquier descubrimiento le fascina y es capaz de cambiar de tercio despistando al personal.

Para Sagitario la vida es un recreo, por lo tanto todo es divertido hasta que se demuestra lo contrario. Es seductor y desafiante. Su desparpajo y ocurrencias pueden hacer de esta naturaleza inquieta una persona que quiere descubrir el mundo. Los juegos de rol le van como un guante; llevar la batuta en cualquier circunstancia; dominar el equipo le resultará de lo más natural, a menos que se tope con alguien más chulo, pero cederá ante sus encantos.

En clase y en la vida le gustará llamar la atención, ser quien agita el grupo, provocar y salir corriendo. Bravucón, insistente hasta el agotamiento…., de sus padres, de sus profesores o de quien le siga el rollo, debe gastar su desbordante energía. El diálogo pausado le servirá siempre y cuando esté acompañado del ejemplo, el “ordeno y mando” no funciona, al contrario, provoca más rebeldía. Acorralar a Sagitario en plena crisis es echar más leña al fuego.

Entre sus aficiones está el deporte, la fotografía, los viajes, buscar y descubrir cosas, personas, lugares con encanto. Le convienen las actividades al aire libre; ir de campamento, en bicicleta, bailar, reírse de su sombra y de los demás. ¡No tolera aburrirse!

La mejor manera de educar a un Sagitario es otorgarle esa ansiada libertad pero enseñarle a administrarla para saber dónde están los límites. En sus relaciones personales, su lado moralista y filosófico le ayuda a madurar bien para acabar siendo menos atrevido y más conservador. Emocionalmente, Sagitario es, -como Aries-, inmaduro, infantil y poco hábil en el manejo de los sentimientos ajenos. Es algo que debe aprender porque sus emociones son intempestivas.

  • Se maneja bien entre conquistadores, entre gente que se arriesga, que busca la complicidad, la diversión y las ganas de cambiar el mundo.
  • Sus mejores cualidades: su inquebrantable optimismo; su sed de aventuras, su capacidad para motivar a quien se proponga, su inagotable curiosidad.
  • Las peores: sus impulsos descontrolados, su fuerza cuando arremete y no calcula la trayectoria; hablar sin pensar; dar consejos y no aplicárselos.