Año nuevo | Red Milenaria
29Dec

Un ritual de fin y principio de año

En todo el planeta distintas culturas celebran el principio del año, proyectando multitud de buenos propósitos que, -hay que puntualizar-, muchas veces se quedan en el imaginario personal y, también, en el colectivo. Nos proponemos cambiar pautas, iniciar proyectos, ilusionarnos con esa nueva etapa, que deseamos que sea mejor que la anterior, pero generamos tanta actividad mental y emocional que apenas si nos damos cuenta de que estamos asumiendo una gran cantidad de deudas. Todo lo que proyectamos y no realizamos, se acaba convirtiendo en un embarazo anembrionado, es decir, en un huevo vacío. Hemos plantado la simiente al pensarlo, verbalizarlo, expresarlo, pero no hemos alimentado la gestación de esta y, los objetivos, huérfanos, se quedan sin fuerza y reconocimiento.

Para iniciar una nueva etapa, hay que cerrar la puerta a la etapa anterior. Lo vemos lógico cuando se trata de dar carpetazo a una relación o a un trabajo, pero nos cuesta mucho más cuando se trata de otra clase de asuntos. No pensamos conscientemente en lo que eso supone, en la responsabilidad que conlleva hacer un reinicio. Está claro que si no ponemos un punto y final al capítulo cuatro del libro que escribimos, no podremos emprender la redacción del capítulo cinco.

Recuerdo una anécdota al respecto, un conocido que llevaba 25 años escribiendo el mismo libro, al que nunca le ponía término, siempre decía que no estaba listo, que como poco, ¡sería un súper ventas!, su intención era publicarlo, ¡pero nunca lo terminaba!