2012, Un año bisiesto | Red Milenaria

2012, Un año bisiesto

Por si no teníamos bastante con todo el despliegue de información acerca del 2012, le sumamos que es un año bisiesto.

La creencia popular, desde tiempos romanos, considera estos años como nefastos. El refranero nos deja ciertas supersticiones al respecto: año bisiesto, año siniestro; año bisiesto, ni viña ni huerto; año bisiesto, entra el hambre en el cesto; año bisiesto, ni casa ni viña ni huerto ni puerto.

¿Pero qué es un año bisiesto y de dónde proviene su fama?

Un año es bisiesto es el que suma 366 días en vez de los 365 de un año común. Es un reajuste en el calendario. Se añade 1 día al mes más corto del año que es febrero que tiene 28, y así de deja en 29 días una vez cada cuatro años y sirve para corregir el desfase que existe con la duración real de 1 año que es de 365 días y 6 horas aproximadamente.

Origen del calendario: los astros.

La curiosidad nos lleva a buscar el origen de los primeros calendarios, que provienen de civilizaciones muy antiguas que habitaron el valle de los ríos Tigris y Éufrates, en Mesopotamia. Nació de la observación de los astros más visibles, la Luna y el sol. Los babilonios, los hebreos, los egipcios y los romanos dejaron su huella en los días, semanas, meses y años que conocemos.

Los primeros calendarios se confeccionaron a partir de los cálculos de los sacerdotes y astrónomos-astrólogos que desarrollaron un cómputo basado en la observación del día y de la noche y de las fases lunares. Se trataba de ciclos de 29,5 días, el que va de una Luna nueva a la siguiente. Este periodo dividía el año en doce lunaciones o meses, sumando un total de 354 días. Estos calendarios en realidad no coincidían con el recorrido de la Tierra alrededor del Sol que es de 365,256 días. Para remediarlo los sacerdotes añadían días o meses que permitieran compensar los ciclos lunares y solar.

En Babilonia se utilizaba la semana de 7 días asignados a los 7 planetas descubiertos entonces de nuestro sistema solar, el Sol, la Luna, Mercurio, venus, Marte, Júpiter y Saturno, en referencia a los dioses del Olimpo.  Más tarde los egipcios determinaron su propio calendario solar de 365 días dividido en 12 meses de 30 días cada uno, con 5 días extras al final. Siglos más tarde, el Imperio Romano después de numerosos cambios acabó por instaurar el calendario Juliano en honor a Julio César, (45 a.C.). Por otra parte, para los romanos febrero era el mes de los muertos y por tanto se consideraba de influencia funesta. De ahí la mala reputación del mes de febrero al añadirse un día más, de 23 a 24 días, porque en este mes no se casaban ni abrían los templos durante este mes y se instauró la fiesta de Lupercalia el 15 de febrero, la que rendía culto al dios de la fertilidad para que la vida prosperase por encima de la muerte. Con el tiempo se convirtió en un pretexto para todo tipo de excesos.

Más tarde el célebre astrónomo Sosígenes de Alejandría inspirándose en el antiguo calendario de los egipcios ajustó el cálculo y el año empezó el 1 de enero y no en marzo como era habitual, en primavera, coincidiendo con el punto vernal de Aries. Todo y con los ajustes, seguía habiendo un desfase del año solar.

La diferencia entre el año astronómico y el año del calendario juliano planteaba un serio problema y en el siglo XVI a la iglesia católica se le ocurrió, para volver a ajustar los más de 14 días de desfase, hacer desaparecer  ese año los días entre el 6 y el 14 de octubre de 1582, y que se pasará del 5 de octubre directamente al 15, así de una tirada se solucionaba el problema que hacía bailar las cifras en torno a la Semana Santa. Este calendario se llamó entonces gregoriano, es el que seguimos utilizando hoy día, Se ajustó el desfase de ¼ de día añadiendo un día más al mes de febrero cada 4 años.

Así el término bisiesto, que significa dos veces 6 se refiere a la terminación 66 del año que pasa de 365 días a 366. Como vemos, lo del tiempo se llevaba muy mal entonces, ¡esa dichosa invención del hombre en su afán de controlarlo todo!

No obstante la influencia de la tradición pagana seguía asociando febrero a un mes de mal agüero, y por partida doble los años bisiestos por aquello de añadirle un día al mes de la celebración de los muertos y de la mala suerte. Es por ello que desde la autoridad católica, con la intención de anular esa superstición, se sustituyó la Lupercalia por la fiesta del amor, que acabó instaurando el 14 de febrero como la celebración del día de San Valentín, patrón de los enamorados.

Simbología del año bisiesto, un múltiplo de 4

Después del breve repaso del significado populares de lo que representa un año bisiesto, pasemos a analizarlo desde un punto de vista más cabalístico. Los años bisiestos son múltiplos de 4 y suelen promover periodos de abundantes acontecimientos, de intensas experiencias y sucesos que si bien pueden remover nuestras estructuras, no tienen porqué ser nefastos si sabemos canalizar adecuadamente su potencial.

El que nos ocupa este año, el 2012, es de suma relevancia. Lo que estamos viviendo y va a seguir manifestándose a lo largo de estos próximos meses, va a remover sin duda nuestras conciencias. Este es un momento muy decisivo en la historia de la humanidad. Tal como nos lo apuntaban ya las predicciones de los Mayas, el mundo se acaba en la forma en que lo conocemos hoy. La toma de conciencia nos lleva a la reestructuración progresiva pero definitiva de nuestro mundo. Todo ello provoca grandes cambios y movimientos sociales que nos alertan de la necesidad de poner más atención en el propósito de nuestra existencia, en ser más solidarios, generosos, más cómplices y compasivos. Nos están reajustando el dial, ¡y de qué forma! Esta es nuestra oportunidad de cambio, una oportunidad individual y colectiva que nos invita a ser mucho más creadores y creativos, a sintonizar con la posibilidad de ir hacia el amor en vez de anclarse en el temor. Lo que ahora nos dice la ciencia, la física cuántica que demuestra que la conciencia modifica la materia y que cada actitud depende de nuestra forma de pensar, de proyectar las experiencias, forma parte de las enseñanzas cabalísticas desde tiempos remotos.

Sabemos que es desde el imaginario colectivo desde donde se construyen y nutren las creencias que dan vida a las formas de pensamiento y en concreto a tanto nefasto vaticinio. Si creemos que el anuncio del fin del mundo se refiere a la desaparición de la vida, esa especulación dibujará un panorama desolador en nuestras circunstancias, si por el contrario nos recreamos en el cambio de conciencia cualitativa, esa proyección será la que acabará por cristalizarse en nuestra realidad.

Si durante mucho tiempo los años bisiestos se han asociado a la fatalidad, ese valor de transmisión seguirá vivo y fomentando y perpetuando esa creencia.

Si embargo, a la luz de la numerología Cabalística el significado es todo lo contrario. El número 4 referente a la periodicidad del año bisiesto recibe las influencias de Júpiter, Hesed para la Cábala, por lo tanto esos periodos de 4 años deberán dejarnos la idea de la abundancia. El 4 se asocia al paraíso, a la libertad, al optimismo y la multiplicación. Por lo tanto los años bisiestos no tienen porqué traernos conflictos, todo dependerá de lo que generemos desde el corazón y la psique, porque con un número jupiteriano todo toma proporciones enormes e importantes, tanto en lo mejor como en lo peor.

Si tenemos en cuenta que el poder de la imaginación se multiplica, las posibilidades de acción y de expansión aumentan. Pero se trata de oportunidades de crecimiento óptimo si evitamos el contagio del bombardeo  de noticias nefastas que minan nuestra moral y voluntad más positiva. ¿Por qué luchar si todo está tan mal? y es el pez que se muerde la cola, lo funesto se alimenta a si mismo y así seguimos escuchamos los agoreros del desastre que nos invitan a seguir nutriendo el miedo, y si miedo tenemos, miedo retenemos.

Es indiscutible que son muchísimas las personas que lo están pasando muy  mal, y que nuestra solidaridad es absolutamente necesaria. Ahora más que nunca nos toca arrimar el hombro en lo que podamos y sobre todo invertir energía en lanzar mensajes de optimismo para que el egregor que diseñemos sea el de la esperanza, de la concordia, no el del temor. La infravaloración  o pésima utilización del poder que nos ha sido otorgado deprime, facilita el abuso, la exageración, los excesos, la debacle o la proliferación de calamidades de cualquier tipo, tanto en la naturaleza como en nuestras circunstancias personales.

Análisis numerológico del año bisiesto 2012

El año 2012, año bisiesto suma 5, un número que representa la fuerza del espíritu en su afán de generar cambios en la naturaleza interna. Es un número de poder, de conflicto, de trabajo, de esfuerzo, de éxito, representa a Gueburah en el Árbol Cabalístico. Su influencia es a menudo desestabilizadora pero siempre enfocada a la ruptura de todo lo que es contrario al cambio y nos aleja del progreso coherente y justo.

Este es un año en que las revoluciones de masas que claman soluciones efectivas van a ser más eficaces, provocando cuantiosas sacudidas que afectarán la naturaleza interna y externa de la existencia. Pueden proliferar las separaciones, entre socios, parejas, y todo lo que es susceptible de renovarse. Precisamente el 5 sigue a rajatabla el lema de “renovarse o morir”, porque es el número que simboliza la vida-muerte-vida, o sea el continuo en la existencia. Se trata de un periodo de fuerte impulsividad, y es probable que la toma de decisiones sea más visceral que meditada. Los movimientos sociales van a seguir creciendo en defensa de libertades, buscando la justicia ante lo corrupto. La razón de unos entrarán en conflicto con la razón de otros y habrá que buscar el consenso. Hay un orden cósmico en el 5 que debe considerarse y respetarse, por lo tanto todo aquel que se salte las leyes deberá cargar con las consecuencias, pero si antes la distancia entre causa y efecto era grande, ahora nos encontraremos que lo que hagamos torcidamente un día, nos tocará arreglarlo al siguiente. Pero sabemos que el 5 no es más que un corrector de lo que no cabe en la dinámica cósmica, en el orden implicado y por lo tanto, solo tendrá efectos devastadores para quienes no entiendan el mensaje del cambio.

No pretendo desde aquí hacer una lista de acontecimientos que pueden suceder, esto sería faltar a la filosofía en la que llevo años trabajando, la de no pronosticar, el libre albedrío es lo que prevalece en nuestras circunstancias, pero si alertar de la necesidad de reflexionar intensamente acerca de la vida, de lo que sucede, de todo lo que estamos viviendo, porque de eso depende nuestra felicidad.

Por otra parte, el análisis numerológico de la cifra del año 2012, que empieza y acaba por un 2, lo asociamos en Cábala a Hochmah, la vibración del Amor y a esa dualidad entre lo masculino, exterior y lo femenino, interior. El 2 marca el milenio, el 2 es el referente del amor, más que nunca, como motor en nuestras vidas, lo que se supone que ha de ser una expansión de ese carburante que es luz y  botiquín, salvaguarda del universo.

El 2 en principio y final de la cifra nos transmite la idea de que esa provisión de Luz-Amor va a ser la clave para que nuestra existencia alcance una mayor elevación. El 2 es Beith en la letras hebraicas, la letra con la que empieza el relato del Genesis, (Bereschit), el que nos describe el principio de la Vida, y que nos habla de la Casa, del hogar, del primer arquetipo de todas las moradas, de los recintos, donde el germen de la Vida se cobija.

Es lo dual de la existencia y piedra angular que sostiene el universo. Este Milenio nos lleva a este principio de una vida consciente de sí misma. Nada puede hacernos evolucionar más que la plenitud de nosotros mismos. El 2, Hochmah-Beith tiene la virtud de hacernos obedientes al propósito divino que está inscrito en nuestra memoria celular. El 2 es un chorro luminoso que penetra, nos purifica y transmuta. La cifra del año contiene también el 1, marca los decenios. El 1 representa la vibración masculina. Esta combinación numérica tiene el propósito de  reconciliar los polos positivo y negativo de nuestra personalidad y el año 2012 debería llevarnos a armonizar esa coexistencia de forma pacífica para dar lugar a que la fuerza del 5 pueda canalizarse adecuadamente y convertir el cambio en un trabajo de crecimiento interior.

Si seguimos adentrándonos en la simbología de esta cifra, vemos que el número 12 está presente. El 12 representa un ciclo completo de experiencias, es como decir que lo que empezó en el 2000 ha llegado al final de su ciclo y ahora nos toca emprender nuevas tareas que se dibujan en el horizonte. El 3, como resultado resultante de la suma de este 12, es el número de la forma, pero también de la ley de Binah para la Cabala, por lo tanto, nos toca acatar las leyes de la concordia, las del amor, de la reconciliación entre la fuerza del espíritu y la de la materia, y todo ello pasa por la acción concreta, por la resolución efectiva. Estamos en emprendiendo un nuevo camino en el que tenemos que concretar, pasando de la teoría a la práctica.

El cero, también forma parte de este número, es el potencial abstracto, donde  la energía de la circunferencia, símbolo de perfección, encierra el potencial de la conciencia unitaria. Pasarán muchos años hasta cumplir este objetivo que nos lleve hacia una centena capitaneada por el 1, energía primordial de la que arranca la Creación.

En síntesis, el año 2012 lleva todos los componentes del final de una etapa para diseñar el mundo con la energía de una conciencia consciente. La lucha entre lo viejo y lo nuevo, entre la comodidad y el insondable abismo de lo desconocido, entre los deseos y la razón. La necesidad de ser y hacer de forma diferente es acuciante y nos afecta a todos, pero unos lo van a vivir de buen grado, aceptando las nuevas reglas y otros seguirán atrincherados detrás de su franja de comodidad. Los que estén dispuestos a promover cambios y mejoras serán sin duda los que mejor se adaptarán a esta gran crisis de valores. Los que busquen en lo caduco dónde perpetuar una visión decadente de la sociedad y de la naturaleza humana, se verán empujados a la necesidad de experimentar la renuncia en muchos ámbitos de su vida. Todos somos partícipes de lo que ocurre, a todos nos afecta porque el cambio reflexivo o la resistencia al cambio, todo es parte también de nuestra propia realidad.

Y todo este simbolismo numerológico nos lleva a una conclusión, y es que lo que suceda durante el 2012 será la consecuencia directa de lo que hayamos sembrado. O lo hacemos en la tierra del Amor o en la tierra del Temor.

2, es amor en toda circunstancia. 1 es acción. 5 es crecimiento activo. Cómo vivirlo o sufrirlo, esta es la cuestión.

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