Las redes sociales en clave de Cábala | Red Milenaria

Las redes sociales en clave de Cábala

Las Redes Sociales y los Arquetipos del Pensamiento: las palabras no se las lleva el viento.

A raíz del encendido y ofensivo tuit contra Inés Arrimadas por parte de una usuaria habitual de Twitter, -un comentario que desde estas páginas no vamos a reproducir-, la polémica se ha desatado de nuevo, una más, ya que desde hace tiempo la reivindicada libertad de expresión lleva acumulando ríos de tinta y de controversias.

Este hecho me ha llevado a reflexionar profundamente acerca del uso y utilidades de las redes sociales y su simbolismo desde el punto de vista de la Cábala. Fui la primera en tener que aceptar a regañadientes lo que parece ser una sentencia y una discutible realidad, y es que si no estás en Internet, no existes.  Tuve que admitir que las redes y medios sociales, Facebook, Twitter, Instagram, Google+, etc., nos permiten estar en línea con todo el mundo, y literalmente hablando, llegamos a los más recónditos lugares del planeta gracias a ellas; nadie se mueve sin su móvil o smartfone, nadie se zafa de las conexiones, y tal y como lo expresa Enrique Dans, prestigioso comunicador y experto en redes sociales, hemos fabricado con todo ese tinglado una realidad alternativa.

Recuerdo un viaje en tren en el que observé atónita el ataque de ansiedad de una joven de unos 16 años que insultaba a su madre porque se le acababa la batería del móvil y buscaba frenéticamente dónde recargarlo. Hace pocos días me impactó el video de una joven española relatando el miedo y la desesperación que sentía a causa de la devastación causada por el huracán Irma a su paso por la isla de San Martín. Se lamentaba de no tener ni agua, ni víveres, nada, pero seguía teniendo el móvil en la mano ¡y grabando cada escena!

A las pocas horas seguí el rifirrafe entre Julian Assange y Arturo Pérez Reverte, en el que se decían de todo, menos bonito. Pérez Reverte parece haber cambiado los duelos de honor espada en mano o las reyertas de sus novelas, por los de una verborrea ácida que descarga en 140 caracteres contra el contrincante. Assange por su parte, desde su retiro forzoso se permite considerar a diestro y siniestro, a visión de pájaro virtual, lo que ocurre a lo largo y ancho de este mundo, enarbolando el estandarte de un Pancho Sánchez que sin duda estos días está usurpando el protagonismo a nuestro más célebre icono de la picaresca literaria. 

La dinámica de las redes sociales nos deja con el culo al aire, por emplear una expresión clara y sin eufemismos y para que se entienda lo que pretendo decir. La dicha de ser el primero en poner un comentario, de opinar a golpe de un clic y salir del anonimato, -si eres de los más ingeniosos-, se ha convertido en la desdicha de quien no calculó la perennidad de sus palabras. Hay toda una maquinaria de asedio en las redes sociales destinada a saber qué piensas, qué dices o qué haces. Hay quien está interesado en saberlo todo acerca de ti, desde publicistas a sueldo de las grandes compañías de ventas, hasta las empresas dedicadas al reclutamiento de personal que buscan en el perfil de esas redes sociales las ventajas o debilidades de un posible candidato. Ahora todo se sabe, y tener una cuenta abierta en Facebook o Twitter equivale a estar en el mismo patio de vecinos a merced de la portera omnipresente.

Las redes sociales se hacen eco de las emociones, de los pensamientos, de las acciones, de las proyecciones, de las vivencias, de los deseos de la gente y nadie quiere estar fuera de ese redil, exponiéndose a la opinión de la masa crítica. Son sonados los últimos capítulos de personas con un cargo público que tuvieron que defender su honor o su torpeza después de haber publicado en Facebook comentarios desafortunados 5 años atrás. Y en medio de tantas polémicas virtuales y no virtuales, reivindicamos la espinosa defensa de la libertad de expresión que a menudo pasa más por la emoción que por la razón.

Todo este preámbulo para explicar que las palabras, -como lo estamos comprobando-, no se las lleva el viento. Están registradas en los anales de las redes sociales. Pero mucho antes que existieran esa redes, en Cábala, ya sabíamos que las palabras van a engrosar los depósitos del Mundo del Pensamiento o van a alimentar los Qlifos.

Vamos a explicar qué son y en qué consisten esos almacenes de palabras, de ideas, de acciones, de expresiones de nuestra naturaleza desde el punto de vista cabalístico.

Nuestra existencia física y no física se nutre de información para que el cuerpo físico, el cuerpo emocional y el cuerpo mental sigan formándose y evolucionen. Este lugar donde todo este conocimiento se adquiere se denomina los Mundos Superiores.

Nuestra existencia se desarrolla básicamente en 3 de esos Mundos Superiores, (hay 7 en total): el del Pensamiento, el del Deseo o Astral y el Físico.

Los Cuerpos de Pensamiento y de Deseo o Astral actúan a través del Cuerpo Físico conectados por lo que identificamos como el cordón de plata. Este átomo germen contiene la grabación de todas las experiencias acumuladas en las distintas existencias, ya que nos sigue permanentemente a lo largo de toda la cadena de encarnaciones.

En el Mundo Físico se guarda el archivo de todo lo que nuestro organismo ha sido capaz de hacer, de asumir, de competir. Es lo que llamamos la memoria celular y orgánica. Cuando hemos aprendido a montar en bicicleta o nadar, no se nos olvida jamás, por poner un simple ejemplo.

En el Mundo del Deseo o Astral: (emoción, sentimientos) se guarda registro de todas las acciones que se han vivido, todo el abanico de sensaciones, desde las pasiones y bajos deseos, los antojos imposibles o injustos, el mal indirecto; el cumplimiento del deber, la fuerza de atracción, el amor, la conciencia del bien; la inspiración, las virtudes más elevadas. Todo ello debidamente registrado, como si se tratara de una súper computadora.

En el Mundo del Pensamiento se guarda registro de todo lo que se puede diseñar, de todo lo que el intelecto, el pensamiento abstracto, las ideas de las formas pasadas y futuras pueden hacer para comprender el mecanismo de las cosas en todos los ámbitos; los errores cometidos desde la mente, las ideas, la comunicación. Cuanto más trabajamos con el material de este Mundo, más información y nociones tendremos, diseñando nuevas estructuras, estudiando todo lo relacionado con la mente consciente y con nuevas y sorprendentes realizaciones. Desde esta región aprendemos lo que son todas las formas y manifestaciones del pensamiento y lo que generan y han generado. De la misma manera que en Twitter o Facebook, todo queda inscrito. Los más bellos pensamientos, ideas, utilización del mental para crear amor, convivencia, coherencia, alimentará este gran Mundo de los Arquetipos del Pensamiento, contribuyendo a que la vida sea más bella, a que las mentes se capaciten mejor para comprender los componentes de la psique, aprendiendo a construir la existencia con un talento evolucionado, porque el ser humano está destinado a ser un Creador y tiene que aprender a crear la perfección. Este es el ideal.

Pero también existen las regiones inferiores del Mundo del Pensamiento, los llamados Qlifos, -el abismo-, alimentados por los pensamientos e ideas rastreras, de destrucción, las palabras necias, críticas encarnizadas, las influencias destructivas. Todo lo que pueda considerarse contrario al amor. Por lo tanto, repetimos, las palabras no se las lleva el viento, sino que son el vivo testimonio de nuestra proyecciones emocionales y mentales. La responsabilidad es nuestra cuando lanzamos dardos y también cuando emitimos amorosamente y en son de paz.

En los Mundos Superiores todo es luminosidad y soplo creador. En el Mundo Inferior todo es caos. ¡Quién duda de que estos Mundos forman parte de nuestra naturaleza humana!

Las redes sociales del mundo de abajo tienen una copia exacta en el mundo de arriba. Cuando construimos nuestra existencia tomando conciencia de nuestros argumentos, nuestras justificaciones, nuestros actos, estamos beneficiándonos porque dejamos de actuar como marionetas automatizadas y las redes sociales se convierten en un gran depósito holístico de información con criterio y sin influencias subliminales ni perniciosas. Podemos decidir si conectarnos con la luz o con las tinieblas, para que en la cuenta del debe y del haber no nos toque pagar tantos intereses o que no tengamos que repetir tantas asignaturas.

Cuando nacemos no disponemos aún del dominio total de nuestros cuerpos, físico, emocional y mental y tenemos que aprender a gestionarlos. En un principio vivimos de “prestado” de los 3 cuerpos de los padres, ellos son los que principalmente se responsabilizan de la enseñanza. Es evidente que un bebé no puede subsistir solo. El cuerpo vital se independiza, podríamos decir, aproximadamente a los 7 años; el Cuerpo de Deseos busca su independencia a los 14 años y el Cuerpo mental a los 21 años, (aproximadamente). Mientras tanto, las influencias exteriores son decisivas. Hasta que el ser humano no se hace cargo totalmente de sus capacidades, -cosa que a los 33 años debería haber hecho-, se verá sometido al vaivén físico, emocional y mental exterior, y por lo tanto la influencia de los medios sociales será mucho mayor por esa falta de madurez. El problema es que cuando ya debería estar en posesión de facultades que le permiten establecer lo que es correcto y lo que no, lanza sus diatribas en nombre de la libertad de expresión y sus manifestaciones dejan rastro, quedan registradas. Se convierten entonces en víctimas de sus propias incontinencias, del que sólo el mecanismo del perdón puede liberarles y está claro que la justicia terrenal no está muy puesta en ello.

Somos responsables de nuestros actos, de nuestras palabras y emociones, lo hemos dicho por activa y por pasiva. A partir de la entrada del ser humano en la vida física, 3 son las Fuerzas que nos acompañan y actúan en la edificación de nuestras realidades:

La Voluntad, la Providencia y las Reglas.

Estas serán nuestras referencias para todo lo que acontece. Dice la Ley de la Causalidad del Kybalion:

Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa.

A buen entendedor…

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