II. Los Sueños, esa otra dimensión | Red Milenaria

Sueño es esa puerta escondida en los pliegues de mi alma, ese espacio recóndito que destila el misterio del secreto de Morfeo, y que recrea la Gran Noche Cósmica donde la conciencia, velada, durmió y soñó el gran despertar.

El Mundo Onírico

Soñar es un proceso natural e involuntario, un proceso cerebral que permite asociar imágenes, sonidos, sensaciones, información retenida en la memoria y que se almacena creando una especie de depósito desde donde se generan las visiones que experimentamos mientras dormimos.

El acto de soñar es tan antiguo como el hombre, es inherente a la condición humana. Aunque no siempre supo el hombre que soñaba o qué eran esas imágenes que desfilaban por su mente y que podía recordar como si de un viaje se tratase. Las diferentes culturas y tradiciones nos hablan de sueños. Los sueños se han llevado al cine, han sido objeto del deseo de poetas y pintores, de divanes de psicoanalistas, el sueño es una dimensión mágica y misteriosa.

En ese mundo de fantasía todo parece posible, es como una gran Matrix, un universo virtual que presenta un muestrario infinito de secuencias, de imágenes arquetípicas que tienen como propósito atraparnos en el denso mundo de la psique.

¿Pero qué vemos o vivimos en sueños?, ¿reflejan los sueños nuestros ideales, nuestros deseos frustrados, nuestra visión del mundo, lo que escondemos, lo que nos tiene que ser revelado, lo que somos o lo que anhelamos ser?

¿En qué idioma nos hablan los sueños, por qué recordamos algunos sueños y por qué otros se nos escapan y se borran de la memoria apenas nos hemos despertado?

¿Son los sueños mensajes de nuestra alma o válvulas de escape que nos permiten vaciar nuestras emociones reprimidas, aquellas que somos incapaces de expulsar despiertos?

¿Hablan los sueños un idioma común? ¿Cómo y para qué nos sirve interpretar los sueños?

Estas son algunas de las preguntas más frecuentes que se ha hecho el hombre respecto a sus sueños y a las que, de alguna manera, trataremos de responder a lo largo de los diferentes capítulos que iremos publicando.

El siglo XX ha sido el siglo de los sueños, no sólo porque el ser humano ha avanzado tecnológicamente mucho más de lo que jamás podía soñar, sino porque se han descubierto muchas cosas respecto a cómo funciona la mente y en concreto en el estudio científico de los sueños y de su interpretación. Ahora existen modernos sistemas, alta tecnología que permite escanear las diferentes fases oníricas. Se pueden medir los bucles de actividad cerebral mediante ondas electromagnéticas reflejadas en una pantalla donde se inscriben gráficos muy detallados. Hemos dado grandes pasos para comprobar lo que se sabe desde hace miles de años.

Todo es Mente; el universo es mental

Este es uno de los siete principios fundamentales de las leyes del Universo, legado de Hermes Trismegisto, sabio maestro procedente del Antiguo Egipto, contemporáneo de Abraham. Este axioma nos desvela que la única realidad que se oculta tras todo lo que existe es mente y que el universo en sí es una creación mental[1].  Vivimos en un mundo que anhela ser perfecto, en el que los seres humanos deseamos alcanzar el pleno desarrollo de nuestros dones. ¿Es el sueño la morada de esta ilusión?

Un relato del sabio taoísta Chauang Tzu, cuenta que al despertarse de un sueño, no podía recordar si era él, el que había soñado ser una mariposa, o era una mariposa que soñó ser un hombre.

Origen del análisis onírico, la incubación

Desde siempre el hombre se ha hecho preguntas acerca del mundo de los sueños. El análisis onírico proviene de los griegos, éstos lo heredaron a su vez del Antiguo Egipto. La técnica que se empleaba entonces no dista mucho de la que utiliza hoy día el analista. Se trataba de una incubación. Se citaba al paciente en uno de los numerosos santuarios  construidos para tal fin. Uno de los más famosos se encontraba en Istria, una antigua colonia griega a orillas del Mar Negro, en la desembocadura del Danubio, otros en Mileto, o Apolonia, en Grecia, todos dedicados a Apolo. El enfermo penetraba en una de las salas del Templo adecuadas para el rito de incubación, un lecho cavado en la roca, el caronium, y era atendido por un Kouros, también llamado phôlarchos o Iatromantis, un chamán o sanador que procedía al ritual. Cuando era necesario se le administraba unas pócimas a fin de inducirle el sueño. Otras veces se entonaban cantos. El sanador se encomendaba a Apolo y a Asclepios, ambos dioses de la medicina. El diagnóstico llegaba por vía intuitiva o mediante las palabras o demostraciones físicas o psíquicas del paciente. Después el chamán  interpretaba los mensajes oníricos y recetaba lo necesario para obtener una remisión total de la enfermedad. Ese proceso podía durar horas o días, según la gravedad. El paciente solía quedarse recostado en la caverna sin comer ni beber, esperando la curación.

La incubación y la curación siempre estaban relacionadas con el inframundo, con las fuerzas del cielo y del infierno, las del espíritu que lucha por salir a la luz y que transita, como los muertos, en los abismos insondables del ser, en los dominios de Morfeo, el dios del sueño, porque el sueño es como la muerte, un estado intermedio.

Dicen los místicos que para subir hay que bajar primero. Durante la incubación lo esperado era la visión, que llegase de dentro o de otras dimensiones, no tenía demasiada importancia, lo significativo era el mensaje, porque ese sueño permitía el despertar iniciático.

La historia está llena de experiencias iniciáticas alcanzadas durante el sueño y que han transformado la vida de los que las tuvieron. Santa Teresa de Jesús dijo que el alma está totalmente despierta mientras considera a Dios, pero totalmente dormida mientras sólo considera las cosas de este mundo. En este sentido el sueño no es la huida, sino el refugio del espíritu que busca un espacio dónde encontrar respuestas, una conexión con la parte divina.

En la actualidad vivimos ausentes del sueño, como si los paisajes oníricos que desfilan ante nuestros ojos no formasen parte de nuestra experiencia, no los tomamos demasiado en cuenta. Soñamos una media de cien minutos por noche, y nos preguntamos alguna vez, ¿a dónde viaja nuestra conciencia durante este lapso de tiempo?

Si, cómo afirma Aurobindo, los sueños no se ocupan únicamente de la exploración del inconsciente, sino que nos permiten descubrir naturalezas, dimensiones distintas que expanden nuestra consciencia y nos abren a un vasto campo de experiencias que tienen como propósito instruirnos.

¿Por qué sabemos tan poco de nuestros sueños y de su interpretación, por qué no nos instruyen para comprender y aprender a utilizar esta información?

El sueño nos permite acceder a un espacio en el que las limitaciones de la materia no existen. En la dimensión onírica nuestra mente se mueve sin trabas, en absoluta libertad, pero al despertar los recuerdos de estas experiencias son difusas y confusas.

Nuestra conciencia no experimenta una realidad discontinua. En las horas nocturnas no estamos en la nada, sino inmersos en un escenario repleto de significado. Es como la franja negra que separa los fotogramas de una película y que es lo que en realidad nos permite visionar la secuencia entera. Cada día despertamos a un nuevo acontecer, cada noche nuestra mente racional se retira del bullicio exterior para descansar, para asimilar todo lo vivido. Gracias al sueño, la psique se descongestiona y se libera del control a la que la sometemos dentro del marco conceptual de la conciencia. Todo lo que frustramos y bloqueamos conscientemente tiene que encontrar alguna vía de escape y liberarse.

Los Cinco Estados de la Mente

Nuestra actividad mental se desarrolla en 5 estratos:

  1. El Infraconsciente, de donde procede la embriaguez del sueño. En la infraconsciencia están depositados los recuerdos tenebrosos, los personales y los de toda la Historia de la naturaleza humana. Son los espectros del pasado, los fantasmas de las pesadillas. Es la parte más irracional y subjetiva del individuo.

  2. El subconsciente, donde viven los recuerdos de tres factores determinantes, Genotipo, Fenotipo, Paratipo: (Herencia, Educación y circunstancias). Del perfecto equilibrio entre estos tres factores depende la conducta social del individuo. Cuando hay un desequilibrio en estos tres factores, el resultado es una conducta que influye en el comportamiento no sólo exterior, sino también interior. Los sueños expresan esas alteraciones, el mensaje y su análisis es difícil de captar.
  3. El inconsciente: Un vasto continente donde los deseos, los instintos, los recuerdos, los sentimientos quedan impresos en una profunda capa de la psique, donde el Ello, el Yo, el Ánima y Ánimus, el Super Yo, y otras identificaciones, se juntan para expresar todo el potencial oculto que determina la vida psíquica y la conducta, personal y también colectiva de los seres humanos. Como señaló Jung, descubriendo el mecanismo del inconsciente colectivo y gracias al análisis de miles de sueños y al estudio de los mitos, leyendas y religiones de distintos pueblos, llegué a la conclusión de que hay contenidos psíquicos inconscientes comunes a toda la humanidad. Los elementos más importantes del inconsciente colectivo son los llamados arquetipos.
  4. El consciente: Lo consciente designa la capa más superficial de la mente, el conjunto de vivencias de las que nos damos cuenta percibiendo desde el interior hacia el exterior todo el abanico de actos, sentimientos, recuerdos, y deseos y todo lo relativo a la esfera de la voluntad y motivación de lo que somos. Existen cuatro estados de conciencia según el modelo de Platón:
    • Eikasia. Es conjetura, mundo instintivo, conocimiento sensible basado en la percepción de las sombras y los reflejos.
    • Pistis. Es creencia, percepción directa de la verdad. Conciencia común de la humanidad.
    • Dianoia. Virtudes propias de la parte intelectual del ser humano, El pensamiento dianoético establece leyes; formula hipótesis.
    • Noûs. Conciencia despierta. Dialéctica, Intuición, pura razón, idea del Bienque puede llegar al estado de Turiya, de iluminación interior profunda. Noûs representa el mundo del modelo superior o divino. No es sueño lo que ocurre en el estado consciente, sino la experiencia de la meditación.
  5. El supraconsciente: Es donde la conciencia establece un puente de comunicación con la programación del Universo, está el futuro. Al respecto dice Alejandro Jodorowsky que: “Nuestro dios interior es la suma del inconsciente y del supraconsciente, del pasado y del futuro. Es el shamadi, moksa o nirvana, ese estado donde la mente de la Suprema Conciencia religiones llaman Dios".
    • Nefech: El alma vegetativa, el movimiento sutil y celular del hombre.
    • Rouah: El alma del espíritu. Soplo primordial, lo que no permite asimilar la vida misma.
    • Nechamah: es respiración, el estadio más elevado del Alma, la iluminación del Alma.
    • Haya: es la vida, la vitalidad del alma que desea vivir.
    • Yehidda: es la genética espiritual e individual de cada hombre.

Al soñar se difuminan los límites entre el consciente y el inconsciente y se establece una corriente y una comunicación supraconsciente que permite conectar con los estados del Alma. Soñar es una de las formas más sutiles de comunicarnos con nosotros mismos, con nuestros centros de vida, con los aspectos más burdos y sublimes de nuestra personalidad, profana y divina y con nuestro pueblo celular. Soñar es una actividad más de nuestra vida, utilizar su interpretación es aprovechar  nuestro potencial más desconocido.

 

 

1. El kybalion, los 3 iniciados,  Ed. Sirio.