La Avaricia: Saturno | Red Milenaria
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Avaricia

La avaricia es una transgresión que genera un exceso desproporcionado de protagonismo del planeta Saturno en un horóscopo.

La avaricia es una transgresión que hace empequeñecer, que genera una sensación de insignificancia por el temor a vivir y a expandir los propios valores.

La definición de la avaricia, (del latín, avaritia), es el deseo sobredimensionado de adquirir riquezas, bienes, se trate de objetos o de cualquier valor, con el propósito de acumular como compensación de una sensación patológica de no tener, y es en realidad lo que falta en uno mismo. La avaricia es una transgresión porque el individuo que la sufre, por regla general, adolece de una gran falta de seguridad y atesora mucho más de lo que necesita para sentirse seguro.

La relación de Saturno con la avaricia es a través de Binah. En el Árbol de la Vida es el Centro encargado de organizar la vida, la materia, y se expresa en términos de inteligencia creadora, de destino y también de renuncia porque cede su “maestría”, su luz para la formación del Mundo. Por lo tanto ceder, proteger, ahorrar es parte de su cometido. Pero cuando se desorbita produce un efecto desmesurado en su afán de limitar y conservar, (Saturno-plomo-sal). Kabaleb nos dice que en la psique un Saturno desenfocado produce restricción, parálisis, oscurecimiento de ideas, de pensamientos y disminuye el poder constructivo de organización para generar el temor de la pérdida.

La energía positiva de Saturno bien regulada propicia que las tendencias espirituales resulten inteligibles. Pero cuando Saturno truena, la excesiva concentración plomiza atenaza al individuo, y este, al estar privado de luz, se comporta como un represor, tiende a mantener contra viento y marea sus objetivos, aplicando sus desconfianzas a cualquier área de su existencia. Argumentará que atesorar es bueno porque la previsión ante cualquier imprevisto adverso resulta de lo más eficaz, exagerando esta tendencia hasta llegar a la avaricia, y no habrá forma de convencerlo de lo contrario. La precariedad es algo que repele el avaricioso.

En el terreno emocional, la avaricia ataca y reduce las sensaciones; puede ir de la pobreza sentimental, a la patología de la alexitimia que incapacita al sujeto para expresar sus sentimientos. La frigidez emocional, la insensibilidad ante hechos que desarman o funden a cualquiera, pero que no afectan al sujeto reprimido es una afección saturnina que genera problemas de relación. Quien se muestra insensible y es incapaz de mostrar empatía suele privarse de placeres y se refugia en una aparente soledad.

La avaricia también puede despertar sentimientos de posesión extrema; una persona celosa de su “deseo” coarta la libertad de quien dice que más ama porque lo que quiere es atesorar afecto. En el pequeño mundo del avaricioso no cabe mucha gente, todo el espacio lo ocupa su “tesoro”. Se trata de una penuria energética, y cualquier retención de dinero, de afectos, de ideas es un claro síntoma de un monumental atasco. El avaro es un indigente en el peor de los sentidos; lejos de ser la persona que vaga por falta de medios y a quien debemos respeto y misericordia, (compadecer desde el corazón), es alguien que poseyendo restringe sus valores y sufre de un estreñimiento anímico.

La avaricia revela un desorden de amplias proporciones, ya que como diría Kabaleb, ese defecto parte del Mundo de la Emanación, desde donde se diseña toda la organización de la materia y si el sistema falla en este punto, el resto del Árbol no tendrá la solidez necesaria para laborar en los 6 Centros restantes hasta Malkuth

Corregir la avaricia es una tarea necesaria para sentir la vida como un regalo, no como un fardo y requiere un gran esfuerzo de voluntad para que esa densa parte saturnina de la psique se libere de sus sensaciones de “amenaza” a su estabilidad, a su seguridad y su bienestar.

Todos recordamos el famoso Cuento de Navidad de Charles Dickens, en el que el pobre avaro Ebenezer Scrooge necesitó 3 avisos, (Yod-He-Vav-) para darse cuenta de su triste destino después del repudio general de cuantos le rodeaban.

Superar ese pesha conduce a la reprogramación, la reordenación de la psique, de las tendencias internas, y al florecimiento de nuevas ideas, de nuevas emociones, de una mayor flexibilidad y aumento de la energía sana, además de mejoras de las condiciones pecuniarias, emotivas y físicas.