Cábala: el Apocalipsis | Red Milenaria

La Cábala, este magnífico tratado del comportamiento humano y divino, contiene un decálogo de buenas nuevas, de buenas maneras, una enseñanza que nos “cae del cielo” para ser aplicada a la tierra de nuestras realizaciones. Uno de los tratados estudiados en Cábala es el Apocalipsis. Fechado aproximadamente a finales del siglo I o principios del siglo II, fue redactado, o más bien transmitido a Juan en la isla de Patmos, y es considerado como el libro más profético y simbólico de todos los libros del Nuevo Testamento.

Tal vez no sea el tratado que más alegría contenga, por la cantidad de parábolas catastróficas que contiene, pero su riqueza, su lucidez, la esperanza que subyace en sus escritos, al analizarla bajo la exégesis cabalística, es realmente sorprendente. Siendo objeto de muchas interpretaciones, resulta arduo y complicado leerlo, ¡y sacar provecho sin alarmarse!, pero Kabaleb supo hacerlo de forma magistral.

Al ocuparme de su estudio en clases de Cábala, me asombra comprobar su veracidad respecto a los tiempos convulsos que estamos viviendo y que van dando forma a esa “Revelación” que nos transmite, porque apocalipsis significa, precisamente, revelación.

Nos dice Kabaleb, respecto a las primeras palabras de Juan, transmitiendo esa revelación, -o como diríamos ahora, esa canalización-, que son las palabras de Jesucristo al Juan que los comentaristas del libro discuten sobre si es el Evangelista o si se trata de otro Juan. Pero Juan Evangelista es el único de los discípulos de Cristo que sigue al Maestro hasta el pie de la Cruz. Y como dice Kabaleb, al final de cada ciclo de experiencias se encuentra un Juan que revela el porvenir y que activa ese Fuego Interno que ha de permitirnos asimilar las enseñanzas reveladas después de la llegada y partida del maestro Joshua. Juan Evangelista anuncia los cambios que han de producirse en nuestra Tierra Humana, cuando el Reino de Cristo, de Hochmah, del Amor, se haya instalado plenamente en nuestra naturaleza, sustituyendo al mundo antiguo reducido a ruinas. Mientras este Juan no nos sea revelado y a cada uno de nosotros, el Apocalipsis seguirá siendo solo una colección de imágenes que inspirarán a los pintores, a los cineastas, a los novelistas, a los profetas o agoreros del desastre, pero el mundo interno no se moverá y nada será revelado, y lo que escribiera Juan no se comprenderá, ni se desarraigarán los fundamentos del viejo mundo y sus imperfecciones.

Quién duda de que estamos viviendo día a día este Apocalipsis, porque cuanto más ahondo en el misterio, a través de la revelación de mi padre y de su análisis detallado de cada uno de los párrafos que explican las visiones de Juan, más me doy cuenta de que se ajustan a la perfección a esos momentos agitados que estamos viviendo día a día, bien nos señala Kabaleb:

Lo primero para convertirnos en el Juan de la Revelación, será cruzar el Mar de las Aguas Vivas sin naufragar, ese Mar en el que cada gota de agua es una Emoción, y en el que cantan las Sirenas de las aguas profundas, con sus voces mágicas que nos recuerdan felicidades pasadas, momentos entrañables de nuestra vida, de los que nos alejamos irremisiblemente. Muchos son los que, en ese crucero, se sumergen en esas Aguas, llevados por las maravillosas voces del abismo. Otros, como Juan, siguen el viaje y llegan a la isla. Él no iba a rescatar princesas ni a buscar tesoros. Fue allí por la palabra de Ha-shem, la palabra crísica, ese estado en el que la convivencia entre lo más elevado de la naturaleza humana se une a la naturaleza espiritual.

Cuando ya no quede nada escrito en el libro del Destino, cuando los trazos erróneos hayan sido rectificados y hayamos dado la espalda a los valores exclusivamente materiales, nos encaramos con la visión de otro mundo, y entonces es muy importante que no nos limitemos a ver y gozar del conocimiento que nuestra visión nos aporta, sino que lo escribamos en un libro, es decir, que lo consignemos, que lo instituyamos en los hechos de nuestra vida, puesto que cada uno de nosotros es la pluma con la que se escribe esa historia sagrada.

Palabras sabias y de difícil aplicación en una existencia repleta de obligaciones mundanas que, sin embargo, debemos transmutar y convertir en sagradas. Porque la vida lo es, y en ese escenario, en el que protagonizamos uno y mil roles, debemos experimentar la mejor opción de nosotros mismos.

Para comprender realmente la dinámica de la Creación, dice Kabaleb, es preciso que la historia nos sea contada, que sea descrita y rubricada, se supone que aprendemos de los hechos vividos.

El Apocalipsis nos habla mediante símbolos; nos inspira, nos sugiere, nos asusta en algunos momentos, creyendo que vamos a ser aniquilados. Pero en realidad lo que va a ser destruido es todo aquello que no puede coexistir por más tiempo con nuestra naturaleza sagrada. Es por ello que una y otra vez volveremos a esta tierra de realidades para comprender y escribir nuestras experiencias y que se registren en los anales de los Archivos Akásicos, esa gran biblioteca del conocimiento de todas las vidas, donde redactamos páginas y páginas de sucesos, de vivencias, de triunfos que nos acercan cada día más a la excelencia, y así será hasta que comprendamos y que la oscuridad sea sublimada.

En ese sentido, cuando contemplemos la obra humana, cuando critiquemos a nuestros semejantes, cuando nuestras quejas vayan dirigidas a la sociedad; cuando las culpas de lo que nos ocurre la sigan teniendo los demás, seguiremos necesitando un Apocalipsis para que la revelación se haga, de una manera o de otra en nuestros abismos internos.

Para finalizar esta reflexión, otro de los pensamientos inspirados de Kabaleb respecto a los comentarios del capítulo VIII del Apocalipsis, (1):

Quienes permanecen en el viejo mundo después de haber capeado el temporal, saliendo de sus refugios y dispuestos a reanudar su vida como si nada hubiese ocurrido, son esas gentes que nada aprenden, por más que la naturaleza gesticule.  

Y quien siga en esa dinámica, se encontrará, tarde o temprano teniendo que hacer frente a su propio Apocalipsis interno.

Que la Revelación de nuestra divinidad aflore y el Amor sea lo que nos permita, al fin, comprender.

Comentarios

  • Alt
    Jue, 02/11/2017 - 23:27 responder

    Hola, no soy totalmente versada en cabala, pero por lo que entiendo, habla mucho del camino evolutivo psicologico de la persona. Pareciera que el cabala, lo que ensena es como vivir espiritualmente, y lo hace con el lenguaje que se usa en cabala. Entonces, hablando del apocalipsis, el cabala lo ve como el tope del despertar de consciencia me imagino? No como algo malo, sino mas bien el cambio de nivel?

    • Alt
      Vie, 03/11/2017 - 08:50 responder

      Muchas gracias por tu comentario. Has dado en el clavo, la Cábala es un tratado del comportamiento humano, una guía para comprender de qué pasta estamos hecho y con qué herramientas contamos. Por lo tanto se trata, efectivamente de un camino evolutivo y el Apocalipsis nos habla de ese despertar que mencionas, ese cambio de nivel que tú ya tienes claro.

      Un abrazo

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