IV. Constelaciones familiares | Red Milenaria

Conceptos y valores en la terapia de las Constelaciones Familiares

Estos son algunos detalles de cómo se abordan ciertos valores desde la óptica del análisis sistémico de las Constelaciones familiares.

El amor

Uno de los ejercicios que se lleva a cabo en la terapia de Constelaciones Familiares es agrupar unas personas en semi-círculo y una de ellas se pone frente de los demás y deja que la examinen, que la perciban y la miren con mucho amor. Mientras dura este ejercicio, la percepción de cada uno de los asistentes cambia según la intensidad de la visión amorosa que emiten. Se crea un campo de fuerza que interactúa con las sensaciones y emociones proyectadas por el que observa y él que es observado. A través de este ejercicio se pretende enseñar que se pueden amar a las personas cuando te dejan entrar en su mundo, comunicarte con ellas con la fuerza del amor, pero se recalca que sólo la distancia emocional permite ayudarlas de verdad cuando tienen problemas, porque cuando penetras íntimamente en su mundo, abandonas toda objetividad y las intenciones personales alteran el verdadero objetivo del amor altruista. Una persona que mira con amor pero sin intereses particulares desprende una aureola de paz y bondad que a su vez genera mucha confianza.

La compasión

Sentir compasión genera empatía. Nos permite estar en sintonía y unirnos a otra persona no por interés sino por pura humanidad. La empatía en la terapia es la que surge cuando espontáneamente las personas que escuchan la historia de alguien sienten un respeto y un reconocimiento por su vida y sus experiencias sin emitir ninguna clase de juicio hacia ella.

El vínculo de pertenencia

Existe la conciencia de vinculación, la que lleva al ser humano a querer pertenecer a una familia, a una sociedad, una nación, etc., sin este vínculo se siente desvalido; el grupo es el que decide, tanto si es en lo político, en lo religioso o en lo territorial o social, y determina cuáles deben ser las directrices, no sólo de la conciencia grupal, sino también y de forma subliminal, la conciencia personal. En el modelo de sociedad tribal, cuando un individuo es marginado por el clan, no le hacen falta cárceles ni castigos, el hecho que le nieguen el saludo y lo rechacen es lo peor que le puede pasar, se desvincula del grupo y esta situación le puede llevar al suicidio.

 Resulta positivo reconocer los valores de nuestro origen, amarlo y defenderlo, lo malo es cuando se cree que aquello que sentimos y pensamos es un valor absoluto y esa conciencia parcial bloquea el amor hacia los que no pertenecen al mismo grupo, los que son diferentes.

 La Constelación revisa estos patrones cuando la persona por ejemplo, ha sido apartada de su lugar en la familia o en la sociedad.

En la terapia se tratan problemas relacionados con la exclusión de personas que dejaron de sentirse vinculadas a su familia o a la sociedad. El propósito de las Constelaciones Familiares es recrear las situaciones para identificarlas y recolocar las cosas en su sitio y así restablecer el orden alterado para permitir al individuo reintegrarse al clan.

La enfermedad

La enfermedad es un camino, pero no un fin en sí mismo. La enfermedad tiene que hacernos recapacitar, enfocar el dolor y la muerte con más serenidad, nos enseña a valorar muchas cosas, pero no puede constituir una opción para volcarse hacia una religión o disciplina esotérica, ya que en ese intento se pierde la fuerza que nos incita a luchar por sobrevivir. Afirmar que algo superior es lo que nos salva o nos ayuda, es apartarse de la experiencia de crecimiento que la enfermedad nos propone. No podemos delegar en nadie nuestra responsabilidad frente a esa circunstancia.

La muerte

En las constelaciones se trata de la relación familiar con los vivos y con los muertos porque la presencia de los abuelos y bisabuelos resulta muy activa, sobre todo los que fueron olvidados. Estas relaciones deben recuperarse, para que vuelvan a ocupar el sitio que les pertenece en el rango familiar. Esto ocurre a menudo cuando en una familia hay una “oveja negra”, un abuelo o abuela se portó mal con alguien y su comportamiento deshonró todo el clan. Esa alma sufre y debe liberarse de esa pena. En la terapia se le perdonan las faltas y se le restituye al lugar que tenía que ocupar. Así estos espíritus dejan a la familia en paz y se convierten en una fuente de sabiduría ancestral y de fuerza motor para los vivos. 

Las relaciones entre padres e hijos

Muchos de los problemas emergentes en la terapia de CF derivan de las relaciones poco armoniosas que se dan entre padres e hijos. Según este sistema, los padres deben exigirles respeto a sus hijos para que éstos sepan cuál es su lugar y se comporten como corresponde. Cuando los padres se ponen a la misma altura que sus hijos y no hacen valer su autoridad como padres, producen en éstos un sentimiento de inseguridad, de desarraigo y falta de autocontrol. Quien lucha contra su padre o su madre invariablemente acabará siendo como él, porque el alma familiar enferma y transmite sus conflictos al grupo. La familia es el vínculo más fuerte que hay y estamos atados a ese destino. De ese vínculo nace tanto el dolor como el amor, por lo tanto, todo lo que enferma o se estropea se puede sanar y reparar con le diálogo del amor.

El odio

Se dice que el odio es la otra cara del amor, pero expresando odio se corta el acceso al amor. En las terapias, lo que se pretende es que la persona pueda expresar su dolor en relación a algo que se le hizo para dar cabida a la reconciliación. Siempre debe haber una salida para el agresor, tanto como para la víctima, para dejarle el camino libre a la redención y al perdón de las culpas.

El miedo

La madre suele securizar al niño para que éste no tenga miedo a que lo abandonen. No obstante, una educación sin miedos es una utopía. Es como cuando los adultos cambian el final de los cuentos para que éstos acaben felizmente. El niño tiene que experimentar el miedo precisamente para no temerlo. Lo que se pretende irradicar sin conciencia de lo que realmente es, suele intensificarse.

El triunfo

Cuando en una pelea una de las personas se siente triunfadora, acaba siempre haciéndolo en detrimento del otro, porque de lo contrario ya no se sentiría vencedora. Por lo tanto el verdadero éxito es cuando somos capaces de superar y renunciar al sentimiento velado que se esconde detrás de ese triunfo y que resulta ser la frustración del otro.

La felicidad

La felicidad se manifiesta en nuestras circunstancias desde los primeros momentos de vida. Cuando la madre nos abraza, nos da el pecho, nos sonríe, nos reconforta. Pero esos sentimientos no pueden durar, el ser humano no puede tolerarlos constantemente, el niño necesita estar solo en su cuna, sentir la soledad para volver a generar la felicidad de estar con la madre. Al crecer el adolescente o el adulto buscan su felicidad en todo lo que les produce satisfacción, pero es un estado temporal, también se aburre de lo bueno y busca los retos, las experiencias que le facilitarán otros estados anímicos. Así es como vivimos la felicidad, de forma transitoria, progresivamente y es lo que le da un valor. De las experiencias duras nos fortalecemos, aprendemos a luchar, a tomarle el pulso a la vida. Son grandes lecciones de vida que un estado de felicidad permanente no nos podría dar. La plenitud se alcanza después del esfuerzo y la satisfacción que da haberlo superado. Antes de ser maestro hay que ser aprendiz y ahora la gente busca la felicidad sin haber pasado por los estados transitorios de ese aprendizaje que son los que permiten alcanzar la auténtica felicidad, la del alma. 

Exposición y análisis de un caso

Este es el caso de una mujer joven que trató de suicidarse y que sobrevivió. Al configurar la constelación familiar se descubrió que quien realmente quería suicidarse era su madre. Los antecedentes familiares eran que el padre de su madre, o sea su abuelo, se había suicidado ahogándose al tirarse de un puente. En la constelación y se introdujo a la figura del abuelo muerto junto a su hija, la madre de la mujer joven, para restablecer el vínculo entre ellos haciendo que el suicida reconfortará a su hija diciéndole que se quedaba con ella. La madre que físicamente se encontraba en otra ciudad e ignoraba lo que estaba sucediendo, en aquel mismo momento estaba paseando a su perro y pasar por el puente donde se tiró su padre y donde rezaba frecuentemente una oración por su alma, y superando su propio miedo encubierto a suicidarse también, sintió de repente una ola de amor,  transportada por una especie de fuerza al otro lado del puente, presa de una sensación de bienestar inigualable, supo que ya podía nadar con la corriente de la vida, se sintió liberada de toda su pesadumbre. Su propia hija tampoco volvió jamás a intentar suicidarse. Este es un caso de “prefiero morir antes que tú”.