III. Constelaciones familiares | Red Milenaria

Conceptos, elementos de una constelación

Las Constelaciones se establecen sobre aspectos bien definidos. Uno es el del orden. La sucesión natural ha de ser respetada, de atrás hacia delante, del pasado hacia el futuro y de arriba hacia abajo. La secuencia generacional es esencial. Cada uno de los integrantes de la familia, padres, abuelos, hijos, parejas, etc., debe asumir el papel que le corresponde y no suplantar a nadie, cargando con responsabilidades que no le pertenecen. Hijos que hacen de pareja de sus padres o de padres de éstos, abuelos que no hacen de abuelos sino de padres, madres que delegan en hijos, tíos u otros parientes, etc. Los roles cambiados terminan por producir problemas de fondo en el alma familiar, marcando un patrón de comportamiento que puede repetirse a lo largo de  generaciones, impidiendo a los miembros del clan familiar conseguir la plena satisfacción en cada uno de sus papeles. Se manifiestan muchas culpas ocultas, inconscientes. Esos sentimientos, cuando no son superados y reparados, son los que más daño hacen a una relación. Deben limpiarse y curarse mediante el perdón de todas las partes implicadas. Es aplicar la fuerza del amor en todas sus dimensiones.

Las dinámicas de fondo sobre las cuales se basan las Constelaciones Familiares son tres:

  • La del“ Te sigo hasta la muerte”
  • La del “prefiero morir antes que tú”
  • La de la “expiación de una culpa personal”

 

La primera, “te sigo hasta la muerte” es la de una persona que se siente vinculada hasta el punto de querer morir para estar con un familiar que le precedió. Es el caso de un hijo que inconscientemente siente que la pérdida del padre es tan injusta e irreparable, que en su interior no puede cargar con la culpa de estar vivo y el padre muerto. Siente la necesidad de seguir a su padre hasta la muerte y una parte de sí mismo desea morir por no creerse con derecho a vivir. Esta culpa puede manifestarse en un creciente desequilibrio que se traduce en una autodestrucción, en una falta de ilusión o voluntad a lo largo de la vida o directamente con una obsesión por las situaciones de peligro que encubren un deseo de suicido.

La segunda, “prefiero morir antes que tú”, se da, por ejemplo, cuando un hijo siente sufrir a su madre por la pérdida de un ser muy querido, como la de un hijo, o cuando se ve impotente ante los maltratos que puede padecer su madre, sean físicos o psicológicos. El hijo siente que él es una carga suplementaria para su madre y cree que si no estuviese, ésta se sentiría más libre. Se genera un sentimiento inconsciente que deriva en: “prefiero morir antes que tú y no verte sufrir”, no puedo presenciar tu dolor. Este niño puede generar enfermedades o desequilibrios emocionales importantes que repercutirán a lo largo de su vida en algunas patologías crónicas o en un creciente sentimiento de apatía y decepción por la vida. Las depresiones son en muchos casos consecuencias directas de estos problemas emocionales.

La tercera, “la expiación de una culpa personal” se da ante la incapacidad por restablecer el orden alterado en una circunstancia grave acaecida en la familia. El individuo genera unos sentimientos de culpa tan fuertes que piensa que su vida vale muy poco, que no merece vivir y busca sacarse de en medio para liberarse de esos sentimientos tan agudos de culpabilidad del alma familiar, ya que para estas personas la muerte representa la salvación. En estos casos el suicidio puede ser lento ya que conlleva una progresiva autodestrucción. El consumo de drogas, el alcoholismo, el sentimiento que sólo se vive una vez y que hay que experimentarlo todo al límite, la falta de disciplina y de respeto por la propia salud son algunas formas encubiertas de llevar el cuerpo y el alma a la saturación absoluta, no quieren seguir viviendo.

No obstante, el consumo de drogas o alcoholismo puede analizarse bajo otro prisma y es el del sentimiento de vergüenza o rechazo que se siente hacia el padre cuando se busca el reconocimiento y el respeto de éste y no se encuentra. El orden armonioso de la relación paterno-filial exige que el padre que da la vida permite al hijo existir y debe reconocerlo, ayudarlo, encaminarlo, ser su guía y protector. Cuando este orden se altera y el padre no cumple con su función, el hijo lo siente como un desprecio y la compensación moral y psicológica puede llevarle a cometer numerosos errores, abusos, etc. Como el padre no se compromete, no es perfecto a los ojos de su hijo, el hijo toma el papel del padre, se vuelve irresponsable y así, a nivel inconsciente, se siente a la altura de progenitor. Este conflicto a menudo se traduce en la imposibilidad aparente de amar al padre, aunque existe el deseo interior de hacerlo. Es un drama familiar de primera magnitud, una herida muy profunda que lleva al hijo a huir de una realidad dolorosa y buscar refugio en un universo paralelo, en el mundo de las drogas o de la delincuencia.

 

¿En qué casos puede aplicarse la terapia de las Constelaciones Familiares?

En todos los casos en que se detecte una perturbación de la vida familiar como origen de los conflictos que vivimos a diario. Se demuestra muy efectiva en situaciones de violencia, de duelo, de separaciones, de abandonos, de pérdidas de estatus social o profesional, de accidentes, de abortos, de crímenes o enfermedades crónicas o de problemas sentimental o social. La importancia de este revolucionario método terapéutico es que es rápido y nos ayuda a identificar los problemas enquistados desde hace generaciones y que dificulta el flujo organizado de la vida. Tras una terapia de Constelación empiezan a sucederse cambios repentinos en la actitud de las personas involucradas. Surgen soluciones dónde no parecía haberlas. El proceso sanador comienza con la desprogramación de todo aquello que creemos de nosotros mismos y que ha creado nuestras propias limitaciones. Esa liberación permite al alma familiar aligerar sus cargas y a la persona reencontrar el equilibrio interior.