La esencia de Malkuth: la última frontera hacia la eternidad | Red Milenaria

Desvelando a Daath

Malkuth, décimo Sephirah del Árbol de la Vida o Árbol Cabalístico, Mem, Lamed, Vav, Tav. Sus títulos son: Inteligencia resplandeciente exaltada por encima de todas las cabezas; el Umbral de la Muerte, de la Sombra; la Madre, la Shekinah de abajo.

Malkuth es el reino de Kether en la Tierra. En Malkuth existen los principios de los 4 elementos, Fuego, Agua, Aire Tierra. Todas las partículas de nuestro universo personal, -el microcosmo-, se congregan en Malkuth porque es el Sephirah que nos permite la cristalización de todo lo que hemos adquirido en los distintos Mundos, como resultado “estable” de la coherencia de la conciencia que se ha puesto en marcha para permitirnos Ser.

Los Sephiroth del Árbol Cabalístico encuentran en Malkuth el punto culminante en la experiencia material. Es el anclaje hacia nuevas realidades una vez hemos vivido los capítulos correspondientes al desarrollo de nuestro destino.

En su recorrido por el Árbol de la Vida, el alma sueña ser “algo” único, una unidad en una multiplicidad; un cuerpo en el cuerpo de Dios, Adán Kadmón prototipo del ser celestial que debe unirse a la Shekinah, la Gran Matrona del Mundo. Malkuth es el sueño hecho realidad, hecho carne. De Tiphereth a Yesod el ser recibe la vida para cristalizarla en Malkuth que lleva en si todos los elementos condensados de la creación, la de Arriba y la de Abajo.

Hay en Malkuth una espiritualidad sistémica, es decir que afecta el Mundo de Assiah o Acción, y es que en Malkuth arde el Fuego de la espiritualidad, bulle el Agua de la emanación emocional, circula el Aire del fermento del Verbo Creador y se consolida la Tierra de la realización.

Malkuth es el Reino de la Muerte, nos dice la Tradición de la Cábala, porque es el Reino que nos permite la constante renovación. Vida-Muerte-Vida. Debemos volver a la naturaleza para que esta nos acoja y nos devuelva a la existencia. Cuando no respetamos las leyes del Cielo, o las de la Tierra, volvemos una y otra vez para aprender y reconsiderar nuestros actos. La Naturaleza, regida por Binah, nos somete a su “ley”.

Así debemos entender la Ley que nos “somete” a la reencarnación, esa sucesión de vidas que tenemos ineludiblemente que pasar con un cuerpo único, una serie de distintivos que nos hacen ser irrepetibles en Malkuth, pero con un bagaje hecho de secuencias que nos acercan paso a paso a la Sabiduría. Es lo que buscamos cuando después de haber bajado por los Senderos del Etz Hayim tenemos que empezar el camino de retorno; es la Ascensión.

Manifestamos nuestras vidas en 4 campos, en 4 Mundos, en 4 Cuerpos, en 4 elementos, desde Atzilluth o Emanación a Assiah o Acción, donde la forma tiene su máximo esplendor y desarrollo. Cuando nos referimos al axioma hermético: “Lo de Arriba es igual que lo de Abajo y lo de Abajo es idéntico a lo de Arriba”, estamos hablando de ser a imagen y semejanza de la naturaleza física, emocional, mental y espiritual, por lo tanto, en Malkuth vamos a experimentar progresivamente todo este desarrollo con todas sus consecuencias y magnificencia.

La Kabbalah (Cábala) nos permite reconocer con su sistema o tratado de comportamiento, la suprema sabiduría de la construcción de este Árbol de frutos que nos desvela el misterio de la Vida.

Malkuth nos destierra pero a la vez nos eleva porque encarnación tras encarnación nos aproximamos a la esfera del máximo conocimiento. De Malkuth a Kether en la Ascensión nos encontraremos con Daath, Sephirah velado a la conciencia que aún no se ha expresado, no se nos ha revelado.

Daath es Conocimiento. Es el llamado falso Sephirah por tratarse de una esfera de conocimiento abstracto que solo se descubrirá a quien se haya abierto a la luz, de lo contrario seguirá siendo un misterio, un abismo, una puerta oculta. Daath está en el corazón de cada Sephiroth, de cada ser humano y por ello es un Sephirah totalmente subjetivo: hay quien no lo verá jamás y hay quien sabrá sintonizarse con su esencia. Se sitúa debajo de Kether, a medio camino de Hochmah y Binah en el centro del Etz Hayim o Árbol de la Vida.

Daath es el punto de percepción más elevado del alma humana. Cuando el Yo Superior ha alcanzado la estatura completa de su desarrollo evolutivo, puede elegir entre volver a encarnarse para ayudar al desarrollo de la vida en Malkuth o elevarse y dispersarse en el Gran Logos.

En Daath se asumen los plenos poderes y se alcanza una percepción completa de Ain Sof Aur, esa Gran Luz. Daath representa la Iluminación y Malkuth nos permite la experimentación de esa iluminación pero desde el desapego total porque la personalidad mortal ya no se identifica con su densidad y se separa fácilmente  de su ropaje transitorio.

Daath es también llamado la Habitación Vacía. La ausencia de símbolo nos ayuda a comprender el Desnudamiento completo de Dios. Ni fuerza ni forma, pero ambos contenidos en un estadio de suprema meditación. Este es el "secreto" del Sendero de Etz Hayim, de Hesed hacia Daath en un proceso que adentra al iniciado en la Noche Oscura del Alma.

Cuando al fin sabemos que somos mortales inmortales, nuestra concepción del mundo cambia y podemos vivir el momento presente conociendo nuestra atemporalidad.

Comentarios

  • Alt
    Mar, 09/06/2015 - 20:50 responder

    Ya me parecía que tenía que haberse dejado en ese manual de instrucciones del árbol cabalístico un camino oculto para poder evitar pasar por todos los centros pero, paralelamente supongo que Daath sólo será accesible a unos pocos privilegiados.
    Quienes diseñaron este universo parece que lo dejaron todo previsto. LLámales tontos.
    Muy bien Milena.

    • Alt
      Mié, 10/06/2015 - 07:39 responder

      Pues si, los caminos de la Cábala son infinitos y Daath. al fin nos eleva y nos lleva por esa otra puerta a la dimensión desconocida!! Muchas gracias por tu comentario y un abrazo!

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