Saturno en severo tránsito por Escorpio: El Trabajo, (3) | Red Milenaria

Uno de los temas más candentes que pretendemos analizar a la luz de la Cábala, y en relación con tránsito de Saturno, es el del paro, la falta de trabajo, la necesidad de encontrar la seguridad a cambio de una actividad asalariada para poder hacer frente a las necesidades básicas y algunas más que nos hemos creado.

Como ya hemos comentado ampliamente, Saturno ejerce de maestro restrictivo y de legislador en nuestras experiencias humanas, pero va a “aleccionarnos” en lo que tenemos forzosamente que aprender. Esta visión es difícil de encajar, más cuando no somos conscientes de lo que generamos a través de los miles de pensamientos que emitimos a lo largo del día.

Pensamos mucho, casi tanto como respiramos, pero lo hacemos de forma automática, sin reflexionar y después nos asombramos de cómo nos van las cosas ya que solo el 5% de lo que pensamos es gestionado conscientemente, y con todo ello tampoco conocemos el alcance de la manifestación verbal de esas ideas inconscientes.

Viví hace pocos días una experiencia ilustrativa. Viajando en metro, un chico nos suelta un extenso discurso acerca de lo mal que lo está pasando porque no tiene trabajo. Siendo joven y fuerte, buscaba desde hacía tiempo y no encontraba, por lo tanto se veía en la necesidad de pedir dinero para subsistir. Según él, no le gusta nada pedir porque lo que quiere es trabajar, pero viéndose en esta disyuntiva, cualquier moneda, por pequeña que fuera, le sería de gran ayuda. Consideré que sus argumentos se sostenían, me quise creer su discurso y busqué unas monedas, pero solo encontré unos pocos céntimos en mi monedero, unos 20 céntimos de cambio, solo eso, pero se los tendí, a lo que él, a verlos, los rechazó, considerando que aquello era demasiado poco y se fue refunfuñando. La gente a mi alrededor no pareció extrañarse de ese comportamiento, algunos comentaron que esto era habitual.

Más allá de cualquier crítica, pude comprobar que el discurso y la acción se contradecían, cualquier moneda no le valía, no era coherente con lo que decía y posiblemente se vería expuesto a sus contradicciones.

Y es que la coherencia es un plato fuerte, una experiencia de vida difícil de encajar. El encargado de ponernos las pilas al respecto es precisamente Saturno.

El Trabajo

La etimología de la palabra trabajo tienes su origen en un elemento de tortura, tripalium, (tres palos), del verbo tripaliare que significa torturar. El tripalium era una especie de cepo formado por tres maderos que sujetaban al esclavo para que quedase inmovilizado mientras se le azotaba. De ahí la idea que cualquier trabajo es un esfuerzo considerable, para muchos, una auténtica tortura.

Teniendo en cuenta el significado originario de la palabra y sabiendo que las palabras poseen una fuerza vibracional extraordinaria, mediante las letras que las componen, podemos llegar a la conclusión que trabajar contiene un trasfondo despectivo, y que la conciliación entre placer y trabajo no se consigue fácilmente.

A lo largo de la historia de la humanidad, la relación que hemos establecido con lo que denominamos “trabajo” ha sido bastante irregular.  La visión se ha ido modificando. La idea del trabajo se definía como la acción de laborare, labrar la tierra. Las comunidades primitivas entendían el trabajo como un concepto de actividades que cubrían las necesidades del ser humano. Se trataba de algo esencial que se asumía como inherente a la condición humana. Aristóteles se refería a actividades libres, porque el servilismo, decía, "inutiliza al cuerpo, al alma y a la inteligencia para el uso o la práctica de la virtud"; y con eso se refería al trabajo que se hace bajo el yugo, al que esclaviza y acaba con la creatividad ya que supone un servilismo que anula la voluntad. Por otra parte, pensaba que la cultura jugaba un papel decisivo en el aprendizaje de las actividades útiles para la humanidad, para él, leer y escribir eran útiles para la administración de los bienes, dibujar para ser  artesanos, pensar para contribuir al desarrollo social, ya que si se utilizaban ciertas actividades con el único fin de perseguir un objetivo personal, esa voluntad no contribuía a la formación del carácter y del alma, ni hacían del ser humano una persona libre e inteligente.

Por otra parte, vemos en el pensamiento de otro gran filósofo, Platón,  la necesidad de prescindir de los superfluo, apostando por la hermenéutica del ser y sus ideas: desarrollando las mejores facetas de uno mismo, exentos de la brutalidad de las tareas más inhumanas, podemos nutrir al alma, que reside en el cuerpo, de unos dones extraordinarios.

Podemos pensar que todo ello resulta muy filosófico, y a la hora de volver a la realidad, toda esa epistemología acaba por embarrancar. Lo cierto es que nos toca hacer cualquier cosa para ganarnos el pan con el sudor de la frente… o eso es lo que nos han inculcado desde tiempos inmemoriales.

De dónde surge esa idea de “sufrir” para ganarse el pan, sin duda de los relatos del Génesis durante la expulsión de Adán y Eva del paraíso. Es a consecuencia de una pésima interpretación de las enseñanzas cabalísticas, que se ha gravado esta “condenación” en la genética del ser. Nadie nos ha maldecido y la necesidad de ganarse el pan con sudor solo puede entenderse en el contexto de un pan hecho de fermento, es decir, el símbolo del alimento espiritual. Al tener velados los sentidos más trascendentes, tenemos que “trabajarnos” la elevación, la comprensión de los misterios de nuestra existencia. No se trata de un pan físico, sino de una sustancia que anhela nuestra conciencia, y es la comprensión de los mecanismos que ordenan nuestra supervivencia, los que se refieren a una evolución del ser en el aprendizaje de sus facultades. Eso si nos va a costar sudores, recuperar la memoria de lo que somos, de dónde surgimos, y vivir en armonía con nuestra esencia. Ese es nuestra principal tarea, “tortura” para algunos.

A lo largo de la historia, se han definido distintas perspectivas del trabajo como conjuntos de actividades primordiales. Existe una teológica del trabajo, un medio para servir a la sociedad y por lo tanto a Dios, de quien parte la idea del bien y el mal; un sentido personal, el que ahonda en la necesidad de ser útil y valioso a los ojos de uno mismo, y también un valor social y comunitario, impulsa el progreso. También tenemos la concepción de Tomas de Aquino, que las reúne un poco todas,  veía el trabajo como un factor de realización que da sentido a la vida profana y divina.

Pero sea lo que sea, hablamos a menudo del trabajo como de un “tormento”, o sea que volvemos a la etimología de la palabra, “tortura”. Desde las perspectivas jerárquicas, en los niveles más altos y más bajos de la escala, pocos son los que de alguna manera se sienten satisfechos con sus obligaciones laborales. Los más consideran que no reciben un buen salario a cambio de sus esfuerzos, frente a los que se sienten bien remunerados y felices.

La palabra salario proviene de sal,  condimento que en la antigua Roma se utilizaba como pago o sueldo, y teniendo en cuenta que precisamente la sal está asociada Saturno, (Binah), su función es conservar, estabilizar, secar, limitar, por lo que es fácil entender como el trabajo, “tortura” que recibe sal a cambio, tiene sus limitaciones y puede experimentarse como una “obligación” impuesta.

Pero el pensamiento moderno busca desmitificar la idea del trabajo como carga, como tortura, como esclavitud y se buscan argumentos a favor de la dignificación de la profesión. Se asocia el trabajo a una fuente de riqueza y se reverencia la figura del artesano, el que enseñaba el oficio al aprendiz que pacientemente, a cambio de cama y comida, presumía de pertenecer a tal o cual casa, sello, linaje,  aspirando a ser enseñado y reconocido por su maestro. El aprendiz se convertiría entonces a su vez y con el tiempo, (Saturno) en maestro.

Se le daba valor al oficio, se amaba y se inculcaba al neófito el respeto por ese laborare que lo dignificaba. A esos efectos, usos y abusos hubieron, pero también se perdió la esencia de las cosas hechas con tiempo y arte.

El crecimiento demográfico, el ritmo de la vida, la carrera hacia el éxito en cualquier empresa, de cualquier forma, resquebraja las bases del amor por la labor y se pretende hacer más, en menos tiempo y en  mejores condiciones laborales. Pero en toda esa evolución, muy positiva en numerosos aspectos, también pierde, en cierta manera, el arte del buen hacer. El médico se especializa, sabe mucho de riñón o huesos, pero pierde la identidad de su paciente. El constructor escoge a una cuadrilla, pero se aleja de la obra, los materiales no son excelentes, pero que mas da si su función es dar una buena apariencia; el agricultor utiliza un grano que se agota con la floración, rompiendo el ritmo de la naturaleza; y así podríamos seguir repasando todas y cada una de las actividades relacionadas con el trabajo. El resultado es que la gran mayoría de personas ya no son felices produciendo, quedan pocos artesanos, y por lo tanto ya no hay aprendices, se han convertido en estudiantes de una escuela que da mucha teoría y muy poca práctica, y la pasión por aprender el oficio se ha convertido en un título que acredita mucha palabra y poca acción.

Si añadimos a todo ello la competitividad, nos queda la carrera de codazos para llegar a la meta.

Esta puede parecer una visión muy derrotista de la experiencia laboral, pero el análisis de la situación que vivimos me lleva a ser realista, pero sobre todo a no conformarme con lo que está ocurriendo, tratando de buscar un significado que me permita comprender, en clave profunda, qué está pasando. Y no me queda otra que entender que las incongruencias, las incoherencias se pagan.

Estamos en crisis, y ya hemos desarrollado nuestra idea de crisis. Pero cifras en mano, hay más de cinco millones declarados de personas que engrosan las filas del INEM.

¿Y Saturno qué tiene que ver con todo ello?  

Podemos darle la culpa a Saturno, (algún estadista se sentiría aliviado), pero teniendo en cuenta que Saturno se asocia precisamente al Poder Legislador, vamos a seguir demonizando a los que mandan, a los gobiernos, a los que hacen las leyes, a los que permiten que los bancos se beneficien a cuenta de los ahorradores, etc. , pero también podemos ir un poco más lejos….

Saturno en Escorpio propone que la ley se aplique, huelga decir que se está merendando a los que se han pasado de la raya, y ¡lo que aun falta por descubrir! Saturno representa esa Ley que cae como la espada de Damocles, (Damocles, que quería vivir lujos y facilidades que no había conquistado, y al que se le propuso intercambiar por una noche su vida con la del rey), cuando se niega a seguir los dictámenes de su conciencia.

Por una parte hemos vivido a menudo por encima de nuestras posibilidades, nos endeudamos porque la necesidad de poseer es más fuerte que la posibilidad de ser; por otra, renegamos de muchas de nuestras actividades, no les damos valor, las rechazamos, las desmerecemos, y esa incoherencia nos pasa factura.

En muchas de mis consultas me he encontrado con personas que se desmerecían a si mismas. Menospreciaban sus conocimientos, su trabajo, sus valores. Quién no ha oído más de una vez pronunciar palabras despectivas respecto a su actividad laboral. ¡Qué rollo, lunes, vuelta al trabajo, tengo que verle la cara al jefe, o al compañero de turno! Recuerdo la frase de una maestra de guardería que dijo sin ningún pudor: “Mañana lunes, vaya pesadilla volver a encontrarme con los monstruos de niños” al poco tiempo esa persona perdió su trabajo, obvio que era para ella una tortura, y perder el trabajo acabó siendo coherente para ella, dejó de ver la cara de sus “monstruos”, pero no era consciente de lo que había, veladamente, pedido. Pasaron años, no volvió a trabajar y entró en depresión.

Nada más lejos que tildar a los que están en paro de esa falta de coherencia, pero lo que si deseo mencionar es que tenemos que reconciliarnos con la idea de esa “esclavitud” con la que nombramos al trabajo, lo hacemos sin pensar que estamos proyectando inconscientemente muchas energías contradictorias: queremos trabajo, porque lo necesitamos, ¡pero no nos gusta lo que hacemos!

Ya sabemos que el pensamiento es una energía inteligente

Está claro que hay mucha gente que desea fervientemente encontrar una ocupación remunerada, y se lo merece, pero tal vez sea cuestión de empezar por cambiar la visión pesimista de las cosas, (si ya sé que como decía San Agustín, háblale de Dios al que tenga el estómago lleno). Pero no estamos parados, sino en una crisis que nos lleva la reconstrucción de la personalidad, desde dentro hacia fuera, sin esperar que sea el gobierno solo quien nos saque las castañas del fuego, porque por estar en una silla de mandamás, no lo tiene más claro que nosotros, no tiene el auténtico poder, este es nuestro, totalmente personal e intransferible.

Algunas claves pueden ser útiles, como por ejemplo optar por comprender que cada una de las profesiones son valiosas,  imprescindibles y reconciliarnos con ellas. Superar la crisis de valores que ataca ahora mismo nuestra dignidad profesional, y el sistema, - si no nos sentimos dignos con lo que hacemos, esta actitud acaba derrotando nuestra seguridad-. La desesperanza, el desaliento, la falta de ilusión son sentimientos que van a calar en el gran depósito de vivencias colectivas, (el inconsciente colectivo), y van a arrastrar a millones de seres humanos susceptibles de sentirse atraídos por la gran marea humana de desmoralización, y de ahí al paro… va un suspiro.

Los analistas profesionales 3D, es decir que operan en la dimensión de la materialidad echarían pestes de mi visión 5D, pero me niego a pensar que no somos todos responsables de las actuaciones colectivas, hay demasiado en juego y la visión holística del universo no es una falacia, es, para mi, una realidad.

Saturno en un signo de profundidades abismales nos insta a reconquistar ese Ave Fénix del que es el máximo representante, y nos “obliga” a ponernos las pilas. Estar en el INEM no equivale a estar parados, porque seguimos avanzando, con restricciones, pesadumbres, dificultades, sí, pero debemos seguir apelando a la ley de la coherencia interior. Si me reconcilio con mi artesano interior, si valoro mis aptitudes, si me libero del estigma de que estar en paro equivale a la nulidad, estoy engrosando las filas de los recuperados, de los que laboran por dentro, de los que utilizan este “parón” para reestructurar la experiencia de vida y encontrar salidas en las que jamás se pensó. Es decir: me reinvento y siembro nuevas perspectivas.

No es una tarea fácil, pero tenemos instalados un programa que nos permite resetearnos y en los momentos de gran necesidad hay que activarlo al máximo.

Es importante pensar en cada una de las tareas de las que nos ocupamos o nos hemos ocupado, como una actividad que repercute no solo en lo social, sino que nutre el ser humano, le enseña, le forma en otro orden de cosas. El barrendero está contribuyendo a limpiar no solo la suciedad de las calles, el médico es el representante de esa parte curativa que poseemos, el pintor o la peluquera embellece, el mecánico o el operario contribuye a solucionar problemas, el panadero nos alimenta, y así un larguísimo etcétera de profesionales que se enmarcan dentro de una dinámica colectiva que va a contribuir no solo en las mejoras de orden material, sino también en otros ámbitos de nuestras circunstancias.

Con todo ello quiero decir que se trata de aprovechar el tránsito de Saturno por Escorpio para buscar claves de acceso a una reestructuración interior, ya que este planeta nos pone ante la gran tesitura de hacer las cosas mejor de lo que las hemos hecho hasta ahora.

Que conste que los que tienen ocupación y son asalariados no se libran,  cada una de las personas que están en el INEM forma parte de nuestra propia condición humana. Y sin duda estamos demasiado parados, anquilosados, apoltronados en nuestra franja de comodidad y, por activa y por pasiva, nos están dando avisos de que el cambio es acuciante. La solidaridad, la coherencia, la reconciliación son herramientas útiles, ¿cuándo las vamos a integrar y a utilizar adecuadamente?

La fuerza de Saturno hay que entenderla como una posibilidad de reestructuración, actuar con la Ley, no de espaldas a ella. Estamos hablando de la ley interior, de la artífice de nuestra evolución,  la que nos hace hacer las cosas con tiento, mesura, conexión y sabiduría. Se trata de reflexionar sinceramente acerca de lo que hemos hecho, pensado, de lo que deseamos y proyectamos. Pasar por el tamiz de la razón la inopia en la que nos hemos instalado. Eso es, a mi entender, invertir en nuestra mejor tarea, porque la recompensa acaba siendo grandiosa, inmensa.

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