09. El hombre que no conseguía encarnar | Red Milenaria

09. El hombre que no conseguía encarnar

EL TAUMATURGO: El hombre del más allá

 

El Taumaturgo es un hombre del Más Allá con poderes extraordinarios que  interviene cuando el destino debe ser cumplido o modificado.

 

Noveno episodio 

 

El hombre que no conseguía encarnar

 

No todas las misiones en las que he participado han tenido un resultado exitoso. Los que trabajamos en el progreso y feliz evolución de los asuntos humanos debemos respetar el libre albedrío de las personas con quienes trabajamos. No podemos imponer una solución, aunque ésta nos parezca idónea, positiva, porque también sabemos que se aprende mucho de los errores y debemos respetar el derecho a equivocarse, que es una prerrogativa del ser humano.

 

Una vez mis superiores me pidieron que ayudara a una determinada alma a encarnar. Se trataba de un hombre que, como todos, había vivido infinitas vidas y tenía que regresar de nuevo a la tierra en busca de nuevas experiencias después de haber pasado mucho tiempo en los Mundos de Arriba. Este ser había intentado encarnar 14 veces consecutivas sin conseguirlo y llevaba mucho tiempo esperando cada vez, una nueva oportunidad, pero viéndose sistemáticamente rechazado por numerosas familias para las que por lo visto nunca era un buen momento.

 

Surgió entonces una última oportunidad y me pidieron que colaborara para que su encarnación en el mundo físico pudiera llevarse a cabo.

 

Para que los lectores comprendan el sentido de mi intervención, es preciso que les explique cómo se desarrollan los trabajos en los Mundos Invisibles. Cuando un ser humano nace en la tierra, esto supone un largo proceso de elaboración que empieza en lo que definimos como Mundo del Pensamiento. En este Mundo el Ego Superior o chispa divina de cada individuo deposita en lo que llamamos Átomo-germen, la semilla de lo que será ese ser en toda su manifestación. Este Átomo-germen va recogiendo material, un conjunto de energías, como si se tratase de un imán, atrayendo para sí las diferentes capas o envoltorios con los que construir sus cuerpos: pensamiento, deseos y físico.

 

Del Mundo de los arquetipos del pensamiento adquiere la facultad de pensar; del Mundo de los arquetipos del Deseo, se nutre de todo el material disponible y forma su cuerpo emotivo, con el cual podrá sentir, y entonces penetrará en el cuerpo de la madre para construir su vehículo material, constituyendo así su organismo físico. En este último proceso es cuando pueden surgir algunas complicaciones.

 

Todos estos métodos, aunque descritos de una forma muy simple, son sumamente complejos. Si bien la formación de un cuerpo físico tarda alrededor de 9 meses, la construcción de los cuerpos de deseos y mental pueden tardar bastante más puesto que las entidades activas en los Mundos Superiores han de ir reuniendo todas las piezas del puzle para darle al nuevo ser la oportunidad de llevarse todo lo que en primer lugar se ha ganado por derecho propio, es decir por los méritos adquiridos en anteriores encarnaciones, y en segundo, para que en todos los requisitos del aprendizaje en la nueva vida pueda contar con las licencias y oportunidades adecuadas.

 

Si un ser humano ha ejercitado mucho su mente se llevará su bagaje existencial a los Mundos Superiores y ese saber le seguirá durante todas sus existencias. Pero si lo ha hecho en detrimento de sus sentimientos o de su cuerpo físico, esas serán las asignaturas pendientes; de la misma forma que si una persona ha cultivado mucho su cuerpo, pero poco su intelecto o sus emociones, la fuerza física por ejemplo, la tendrá, pero deberá completar su instrucción con tareas relacionadas con el intelecto o los sentimientos. Así las labores pendientes siempre serán compensatorias y culminantes, unas veces obtendremos el éxito, otras el fracaso, como mandan los cánones de la evolución.

 

En la organización de Arriba todo está bastante estructurado y cada cual comprende su misión, en cambio en el Mundo de Abajo las cosas no son tan claras o tan organizadas, y como el telar de Penélope, en su eterna espera de que Ulises volviera, una veces avanzamos y otras parecemos retroceder y el trabajo se hace perpetuo también.

 

Lo que arriba está pactado, se olvida o se deshace al llegar abajo, y así vemos que muchas vidas esperan para encarnar, se encuentran en las fronteras del mundo físico aguardando una oportunidad para encarnar, pero todo el montaje de abajo lo hace sumamente complicado.

 

La persona con quien debía colaborar fue alguien que rechazó obstinadamente la paternidad. Unas veces porque no quería tener hijos, otras porque cuando los tuvo no se hizo cargo de ellos y esa tarea quedó pendiente. La implacable Ley de Consecuencias actúa por encima de los criterios terrenales. Poseemos el libre albedrío y nadie nos obliga a nada, salvo a cumplir con los dictámenes de nuestro Ego Superior, es decir que hemos pactado antes de llegar cuáles serán las materias a tratar en la próxima encarnación. Lo que ocurre es que nuestra memoria consciente de todo ello nos es prácticamente borrada a medida que vamos creciendo. Si bien los niños pequeños poseen muchos de los recuerdos de otras vidas, la paradoja es que no saben expresarlo y cuando ya poseen la habilidad del habla, la conciencia se va desdibujando. Explicar el porqué sería ahora demasiado largo, tal vez lo reservemos para otro capítulo. El caso es que si hemos pactado algo, tenemos que respetar el contrato.

 

Como decíamos, la Ley de Consecuencias actuaba con este ser y daba lugar a que nadie en la tierra estuviera dispuesto a darle vida, y se encontraba en el umbral del Mundo del Deseo desde hacía casi 100 años. Por tan larga espera fue merecedor un  decreto especial para que esta última oportunidad pudiese llegar a buen puerto.

 

En esto consistía mi cometido, convertir su anhelo en realidad. Buscarle la familia que le permitiese realizar su programa. Esta alma poseía ya muchas tablas, experiencias de orden práctico y emotivo, y necesitaba ejercitar su intelecto, de manera que le tocaría encarnar en una familia que pudiese permitirle, por ejemplo, realizar estudios superiores. Pero no podía nacer en una familia acomodada cualquiera, sino con seres con los que anteriormente hubiera estado ligado, con los que ya había establecido lazos kármicos. En esas condiciones no había más que una pareja en la tierra, los únicos que quedaban aún como compañeros de evolución. Si esta lo rechazaba quizás tuviera que esperar un milenio para poder volver a encarnar y eso hacía más drástica su situación.

 

Fui enviado al lugar donde vivía esa pareja. Se trataba de dos profesores de universidad, ambos muy atareados. No rechazaban del todo la idea de ser padres, pero para ambos siempre había algo más prioritario. Les faltaba tiempo, tenían mucho trabajo, estudios, compromisos sociales, la crisis, la falta de seguridad, etc. Con esa mentalidad firmemente arraiga en su forma de vida, iba a ser difícil inducirles la idea de ser padres. Eran prácticos, iban a la moda, vanguardistas, muy preocupados por el medioambiente, por la política, por las desigualdades sociales, y con esa visión, traer un hijo al mundo era algo que no cabía demasiado en su panorama. Entre la comodidad y el pragmatismo andaba la cosa, justificando muchas veces su pocas ganas de traer un alma al mundo. Tenían claro que un hijo te cambia la vida, pero según ellos, no era para bien. Yo echaba de menos ideas más bellas y elevadas, por lo que parecía un reto bastante complicado.

 

Me sentí muy motivado porque se trataba de ayudar a un alma que había decidido aprender mediante la encarnación, a superar sus fallos anteriores. Traté de persuadirlos mediante toda clase de sensaciones, sobre todo con la mujer, más sensible a la voz de la maternidad, y varias veces estuvo a punto de ceder, pero no había ninguna ilusión en el padre. El alma se impacientaba y yo, que utilizaba todas clase de argucias, no conseguía hacerme oír.

 

Pasaba el tiempo y los años de fertilidad que les quedaban iban mermando y la mujer lo sabía. Sentía cada vez más pereza. Esta vez, puedo decir con mucho pesar, que acabé desistiendo y tuve que comunicarle a esa alma mi fracaso; nadie escuchaba mis sugerencias.

 

Pasó el tiempo, y supe que por un pacto especial el alma había decidido encarnar en condiciones muy diferentes, había aceptado como única solución ir al África Occidental. Allí había nacido y sus padres habían fallecido, por lo que fue a parar a un orfelinato.

 

La vida es tan mágica y sorprendente...

 

Nuestra pareja en la tierra había alcanzado casi los 50 años, una pareja de clase media alta, muy inmersos en una vida social intensa, defensores de la tierra, de los derechos humanos, dándose cuenta de que su capital era importante y sin nadie a quien cederlo, decidieron emprender la aventura de la adopción. Ahora ser padres podía tener, según ellos, un sentido diferente, sacar de la miseria a un ser desvalido. Viajaron por el mundo y fueron a parar a un país africano... a un orfelinato... y allí quedaron prendados de un pequeño con ojos grandes como platos y brillantes como estrellas. Esos ojos se clavaron en la mujer que se conmovió profundamente y entre lágrimas le dijo a su compañero: "Mira querido, es él, míralo, creo, siento, estoy segura de que nos estaba esperando".

 

(Me tomé la libertad de alargar este cuento con la expresa licencia de Kabaleb que sin duda, siempre atento a mi existencia, resulta ser siempre una divina inspiración.)

Comentarios

  • Alt
    Vie, 03/10/2014 - 22:30 responder

    jajaja...la vida tiene caminos extraños ! me ha gustado la historia . Entre risa y reflexión...me quedo más que todo con la reflexión ...y algo más....

    besos

    • Alt
      Sáb, 04/10/2014 - 11:58 responder

      Si Vero, los caminos del ser humano son inexorables, jaja, menos mal que no sabemos nunca lo que nos depara la vida... aunque la intuyamos profundamente, jajaja. Gracias como siempre por tu atención y abrazos cósmicos mi querida Amiga!!!

  • Alt
    Sáb, 11/10/2014 - 14:15 responder

    Jolines, vaya pedazo de artículo. Te has lucido, Milena. Vaya ingeniería cósmica y plan divino que subrepticiamente denota que no existe la casualidad y que, de alguna manera, nadie puede escapar a su plan de vida, porque sino el universo, tarde o temprano, te hace pasar por la experiencia necesaria para tu aprendizaje y evolución por la ley de "al revés te lo digo para que me entiendas".

    • Alt
      Mar, 14/10/2014 - 09:04 responder

      Me encanta que te haya gustado y sí, todo es ingeniería cósmica como bien dices!! y o nos apuntamos o lo vivimos a expensas de la conciencia, pero "obligatoriamente"!! Muchísimas gracias por tu comentario y abrazo grande!

  • Alt
    Sáb, 18/10/2014 - 10:05 responder

    Precioso Milena, como todo lo que hacía tu padre y todo la familia Llop.
    Besos reina

  • Alt
    Dom, 19/10/2014 - 03:34 responder

    ¡Uyyy… pobrecito! Que artículo tan interesante. ¡¡¡Madre rompecabezas!!! En este cuento se reflejan varias etapas de mi vida, que me han llevado a una profunda reflexión al respecto y encontrar algunas respuestas a tantas preguntas que con frecuencia me formulo.
    Un abrazo. Cuídate y gracias por estar allí.

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