04. Su destino era casarse | Red Milenaria

04. Su destino era casarse

EL TAUMATURGO: El hombre del más allá

 

El Taumaturgo es un hombre del Más Allá con poderes extraordinarios que  interviene cuando el destino debe ser cumplido o modificado.

 

Cuarto episodio 

 

Su destino era casarse

 

Uno de los casos más difíciles que recuerdo es el de una pareja que convencionalmente llamaremos Juan y María y que en su destino figuraba casarse y formar una familia. Me diréis que esto no es nada extraordinario, pero en realidad esta unión tenía como propósito darle la vida a un alma grande que debía encarnar en la tierra con una importante misión.

 

Cuando se  produce una manifestación de este tipo, se moviliza en el Mundo de Arriba una Legión completa de Agentes Superiores, de Ángeles. Estos tienen que encontrar las circunstancias adecuadas para que todo se haga según el plan establecido y, en este caso, que esta alma grande pudiera encarnar. Por toda una serie de razones demasiado complejas y largas para ser detalladas aquí, los padres de este ser especial debían ser Juan y María y la complicación surgía del hecho que Juan debía nacer 15 años antes que María. Así estaba escrito y así tenía que suceder.

 

Los Ángeles-Tronos, que así se llaman los encargados del destino de los futuros reencarnantes, indican el momento estelar en que una persona debe nacer para llevar a cabo en la tierra el Programa establecido por el propio Ego Superior, Chispa o Espíritu. El interesado en volver a nacer siempre da su conformidad después de consultar el Libro de los Archivos Akásicos, un registro de las experiencias terrenales. Se acepta el destino marcado aunque el libre albedrío permite decidir cómo vivirlo.

 

Antes de nacer, los Egos Humanos todavía en la luz, pasan un tiempo determinado en una Morada donde asisten, como si estuviesen en una sala de cine y ante una gran pantalla, a la visualización de los grandes acontecimientos que van a marcarlos. Es una síntesis de la vida que van a vivir en su futuro próximo y cada uno decide si acepta o no su tarea humana. Es como una especie de contrato. Una vez aceptado, es imposible echar marcha atrás. Es importante subrayar este aspecto por el hecho de que hay un grado de libertad adscrito a todo programa o contrato previo, pero una vez “firmado”, tal y  como Juan y María lo hicieron en su momento, las experiencias deben ser vividas. Este era el objetivo de nuestros dos protagonistas, encontrarse y formar pareja. Pero de acuerdo con este mismo programa Juan debía nacer un día determinado y María 15 años después.

 

Lo que ocurre es que cuando un individuo entra en su cuerpo físico se olvida de todo lo que hace referencia a los Mundos espirituales y es cuando todos esos planes trazados y pactados, los objetivos previstos y planeados, todas esas promesas parecen quedar sin efecto.1

 

Predestinación

 

El problema principal al que tuve que enfrentarme en esta historia era precisamente esa diferencia de edad. Cuando Juan llegó a la mayoría de edad María apenas tenía 4 años!! Y nos las vimos y deseamos el equipo y yo para que Juan no tuviese demasiados impulsos para enamorarse de alguien que no podía prestar el servicio encomendado a María y fueron muchos los desvelos para mantenerlo soltero y que esperase a que María Alcanzase una edad razonable para juntarse con Juan.

 

María había sido escogida como madre de esta gran alma que encarnaría en virtud de la perfección y buen estado de su organismo físico. El cuerpo de María ofrecía los materiales idóneos para la formación del futuro cuerpo de este ser que debía gestarse en su vientre. Por la misión encomendada, este ser también debía tener un organismo capaz de soportar toda clase de adversidades, porque tal era su destino ya que traía una gran cantidad de karma a liquidar. Si bien se trataba de un gran espíritu que había alcanzado las más altas cumbres del conocimiento, poseía también una parte oscura fruto de numerosos errores  acumulados que podrían condicionar su cuerpo físico. Ciertas adicciones lo llevarían por el camino de la dificultad, y por esta razón era necesario dotarlo con un cuerpo muy resistente para que su alma, portadora de valores eternos, pudiera finalmente desempeñar magistralmente su misión, superando conflictos y transmutando estados pasionales, para que la balanza de los actos positivos se inclinase a su favor y resplandeciera lo sublime, lo elevado, lo grandioso de su misionado. María, su madre, era una pieza esencial de este gran destino.

 

El objetivo de mantener a Juan soltero y sin compromiso unos 14 años hizo que no se le dejase solo ni un momento, especialmente en sus salidas nocturnas, de fiesta, que es cuando salía a bailar, a divertirse y cuando más ocasión tendría de conocer gente, posibles conquistas que pudiesen atraerlo. 

 

Podría escribir páginas y páginas de todos los contratiempos y ardides a los que el equipo y yo nos tuvimos que enfrentar. Conseguíamos percibir rápidamente los estados emocionales por los que pasaba Juan a través de los colores de su Aura. Cuando una persona tiene algún interés sentimental, el color de su aura cambia y todos aquellos que poseen la visión etérica o astral distinguen claramente esos cambios de color y vibración áurica. A Juan, con frecuencia, le cambiaba el color cuando bailaba, cuando se juntaba con algunas muchachas. Se quedaba embelesado, enternecido y para evitar que se estableciese un contacto más íntimo y así una relación amorosa, recurríamos a toda clase de astucias, como por ejemplo introducir en el cuerpo de aquellas muchachas entidades elementales de Fuego, lo que les provocaba un calor físico asfixiante, intenso que las hacía sudar mucho y así, ambos, inundados de sudor y con los elementales del Aire haciendo de las suyas, activando un olor pestilente, acababan creyendo que el que olía mal era el otro, lo que  conducía a un cambio áurico inmediato; otras veces tenía que intervenir el propio Ángel-Jefe en persona para aumentar algún complejo, por ejemplo el de la timidez y que Juan no se atreviese a entablar conversación con la persona que parecía interesarle mucho.

 

Así durante años mantuvimos a Juan alejado de parejas potenciales. A la par, María era objeto de un tratamiento especial por parte de los Agentes activos en el otro Mundo, en estrecha colaboración con los que asistimos a los humanos en la tierra. Recuerdo una situación de peligro en la que María corrió el riesgo de un grave accidente cuando en el jardín de su casa, subida a una escalera para coger unos melocotones del árbol, estaba a punto de caerse. Preveíamos el peligro y se lo insinuamos mentalmente, pero ella hizo caso omiso a nuestras voces y no pudiendo entrometernos directamente, temíamos que su cuerpo quedara tocado e inutilizado para la misión encomendada. La chiquilla se cayó, pero la intervención inmediata del Arcángel Raphael que mandó a las Sílfides y Elfos que hicieran soplar un denso viento capaz de mantener a María en el aire, hizo que su cuerpo descendiera como a cámara lenta depositándola con suavidad en el suelo.

 

Juan y María vivían relativamente cerca, solo a unos kilómetros de distancia. Cuando María alcanzó la edad adulta, nuestro trabajo consistió en reunirlos en la misma ciudad y lo más cerca posible el uno del otro. Esta tarea resultó fácil pues María que había vivido siempre en el campo, no soportaba ya la vida rural. Le conseguimos un trabajo en la ciudad y ¡en la misma empresa donde trabajaba Juan!  Pero cuando lo teníamos todo preparado para un primer encuentro, Juan fue despedido a causa de una reducción de personal. Esto representó una gran contrariedad porque la familia de Juan residía en otra ciudad lejana y al perder el trabajo Juan se planteaba regresar a casa de sus padres para probar allí fortuna.

 

Se movilizaron entonces las Fuerzas Especiales de los Mundos de Arriba y dos potentísimos Agentes de la categoría de los Principados, Daniel y Poyel,  fueron los encargados de resolver la cuestión. Son especialistas en obtener y generar múltiples facilidades y podrían solucionar rápidamente el problema de empleo de Juan. Nos personamos en el departamento de contratación de varias empresas donde Juan probaba suerte solicitando un puesto de trabajo. Les sugeríamos por vía intuitiva que contrataran a Juan por sus excelentes cualidades profesionales y humanas. Finalmente un directivo se mostró sensible a estas sugestiones y mandó llamar a Juan. Este fue avisado in extremis cuando sumamente desanimado estaba a punto de subirse al tren que le llevaba de vuelta al hogar familiar. ¡Juan se alegró mucho de saber que al fin había tenido suerte!

 

A partir de aquel momento todo fue más fácil. Juan y María se encontraron “por casualidad” un sábado por la noche en un baile popular y sus respectivos Egos Superiores recordaron, -en el secreto de su subconsciente-, que uno de sus objetivos primordiales era unirse para formar una familia donde deberían acoger a una Gran Alma en misión.

 

Así se casaron un año más tarde, (en verdad fueron 9 meses después) y llegó al mundo un ser por el cual había sido montada toda esta magnífica trama.

 

Sin duda sería muy interesante que les hablara de la labor de este ser tan especial, de todas las etapas de recapitulación a las que su vida se sometió; del karma que tenía acumulado debido a sus errores, de lo que ha tenido que superar para tomar conciencia del servicio superior que se esperaba de él y que es lo que le ha conducido a nuestro mundo. Pero como su programa humano aun no ha concluido, no me es permitido desvelar su identidad. Un día podré revelar su nombre, su obra y su vida que sigo muy de cerca. Pero por el momento que nadie me pregunte quién es, esta información pertenece al secreto de sumario.

 

 

Próximo episodio: 

Cómo hice fracasar un atentado contra la vida del presidente.




[1] Nota aclaratoria: Hay muchas personas que suelen preguntarme acerca de por qué nos olvidamos de los pormenores del contrato, y que si no sería más fácil recordarlo para ser fieles, en cierta manera, al guión establecido. He reflexionado mucho acerca de ello y lo hablé en su tiempo con mis padres, llegando a la conclusión de que el recuerdo de las vidas pasadas y de los actos cometidos con poca o ninguna conciencia no nos dejarían vivir tranquilos, porque las pruebas difíciles son las relacionadas con la falta de esa conciencia y de amor que hemos ido acumulando a la largo de tantas encarnaciones. El recuerdo del dolor generado a otros, las faltas hacia nosotros mismos, etc., serían demasiado violentas para el encarnante y es posible que muchas personas no fuesen capaces de vivir con ese peso en su corazón. A mi entender, resulta bastante más interesante tener que concienciarnos de la necesidad de limpiar nuestro historial personal y pensar que las pruebas del destino, si bien son trabajos obligatorios, la carga de amor que podamos poner a las circunstancias puede liberarnos de tales ataduras. En eso consiste el libre albedrío.

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